miércoles, 28 de junio de 2017

El Centro Botín

Después de cinco años de obras, retrasadas muchas veces por cambios en el proyecto, diferencias entre empresas constructuras, etc., el Centro Botín fue por fin inaugurado el pasado viernes 23 en un acto oficial presidido por el rey Felipe VI y la reina Letizia. El Centro es un moderno edificio diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano. Está dividido en dos volúmenes, este y oeste, unidos por un espacio bautizado con el curioso nombre de "pachinko"1. El Centro pertenece a la Fundación Botín y su primer y principal impulsor fue Emilio Botín.


El volumen este dispone de un auditorio para 300 personas, aulas y espacios de trabajo, mientras que el volumen oeste dispone de dos grandes salas de exposición. Ambos volúmenes dispones de un entramado de escaleras que permiten el acceso a diversas pasarelas que "vuelan" sobre la bahía y desde las que se tienen unas vistas increíbles tanto de la bahía como de la ciudad. Pero para ver una vista realmente espectacular de la ciudad, y de la bahía también, lo mejor es subir a la terraza superior del volumen este. Además de por las escaleras también se puede subir en ascensor.



Bajo el volumen oeste hay una tienda y una cafetería y restaurante. Este volumen tiene en una de sus fachadas una gran pantalla en la que se proyectarán películas, espectáculos, etc. Tanto al este como al oeste, el Centro dispone de dos grandes espacios libres en los que se pueden realizar todo tipo de espectáculos. En el lado oeste hay además un pequeño teatro situado frente a la gran pantalla.


La construcción del Centro supuso una nueva reforma, no exenta de polémica, de los Jardines de Pereda para su integración con el entorno del Centro para que, de este modo, ambos formen un mismo espacio. Los Jardines vieron aumentada su superficie al construirse un paso subterráneo para el tráfico. Cuando se planteó la construcción del Centro, además de la polémica suscitada por su ubicación, surgió otra polémica ya que el proyecto original contemplaba cambiar la Grúa de Piedra de lugar y ponerla junto a la Estación Marítima. El revuelo que esta idea provocó en la ciudad, con manifestaciones en contra, hizo que la Grúa se quedara en su sitio y el Centro se tuviera que desplazar hacia el oeste.


Dicen los expertos que ahora Santander, con el Centro Botín, puede competir en igualdad de condiciones con Bilbao y el Museo Guggenheim, con Avilés y el Centro Niemeyer, con París y el Centro Pompidou, con Nueva York y el MoMA, etc., etc.


1 "Pachinko" es el nombre que recibe una máquina recreativa mezcla de tragaperras y pinball muy popular en Japón, pero ignoro si tiene alguna relación una cosa con la otra.



martes, 20 de junio de 2017

Un poco de historia (LXIII)

La avenida de los Infantes


Cuando en el siglo XIX empezaron a llegar los primeros bañistas a El Sardinero entre 1845 y 1847 se abrió un camino que comunicaba El Sardinero con Miranda. Este paseo recibió el nombre popular de "paseo de coches". Debido a que El Sardinero en aquella época se consideraba extrarradio de la ciudad este camino no figuraba en los planos urbanos.


Paseo de los Infantes


Con el auge del veraneo en Santander (los "baños de ola", las estancias de los reyes, etc.) cada vez venía más gente a pasar los meses estivales. Se empezaron a construir los primeros hoteles, pensiones, residencias familiares, etc. por todo El Sardinero. Por este motivo el paseo de coches se fue urbanizando. En agosto de 1915 el paseo recibió oficialmente el nombre de "Paseo de los Infantes" según un acuerdo municipal. El nombre hace referencia a los infantes Carlos de Borbón y su esposa María Luisa de Orleans, que frecuentaban los veranos santanderinos y se alojaban en la residencia que el naviero Ángel B. Pérez tenía en un terreno en la esquina con la avenida de Pontejos1.

En 1918 se empezó a construir un grupo de chalés de verano frente a un pequeño bosque de pinos que bordeaba el paseo. Estos chalés recibieron el nombre popular de "chalés de Prieto Lavín" por ser éste el primer promotor de esta clase de barrios, o "colonias", residenciales. Durante la II República, de 1931 a 1936, la calle recibió el nombre de "Avenida Principal". En 1937 recuperó su nombre original.


Paseo de los Infantes

A partir de 1912 un ramal del tranvía a Miranda bajaba por el paseo de los Infantes y luego seguía por el camino de Pontejos para volver por la avenida de Castañeda, pero a mediados de los años 40, cuando el camino de Pontejos pasó a ser la avenida de Pontejos, el trazado del tranvía cambió y seguía por el paseo de los Infantes hasta la plaza de Italia. Un mes de septiembre, en la curva junto a Los Pinares volcaron un tranvía y su jardinera llenos de gente que acudía a un partido de fútbol. Hubo varios heridos.

Aunque los edificios que la bordean son modernos, aún quedan algunos chalés familiares que recuerdan su pasado. Ignoro la fecha en la que dejó de ser paseo y se convirtió en avenida.


1 El edificio, modificado, aún existe. Estuvo abandonado mucho tiempo y en los años ochenta fue convertido en apartamentos y se le añadieron dos pisos. También se conserva la verja que bordea la finca.

 
Un poco de historia (LXII)

jueves, 8 de junio de 2017

La Grúa de Piedra

Después de haber sido desmontada y sometida a un proceso de restauración la Grúa de Piedra ha vuelto a la base que le da nombre para que siga siendo un icono de la ciudad, aunque ha perdido su color gris original y, sobre todo, el movimiento, pues la han dejado inmóvil.

A finales del siglo XIX el puerto de Santander tenía un importante tráfico de mercancías y la actividad en los muelles era frenética, con barcos cargando y descargando, trenes y carros transportando mercancías, etc. Sin embargo, debido a la poca capacidad de carga de las grúas del puerto (las más potentes sólo podían cargar hasta 8 toneladas) los barcos con cargas muy pesadas tenían que ir a otros puertos cercanos, como el de Bilbao. Esto llevó a la Junta de Obras del Puerto a encargar a los ingenieros F.V. Sheldon y Otto Gerdtzen el diseño y construcción de una grúa que pudiera cargar hasta 30 toneladas.

El 17 de mayo de 1900 fue inaugurada en el Muelle de la Monja, o de Maura, la grúa más potente vista hasta entonces en Santander. Fue situada sobre una gran base construida con bloques de piedra procedentes de los antiguos muelles. Como el muelle era de madera la base de la grúa descansa sobre el lecho de la bahía. La grúa estaba accionada por una máquina de vapor, su estructura era metálica y estaba construida con el mejor acero de la época.

En la parte de atrás se puede ver la caldera a vapor


Raqueros junto a la grúa

La punta de su pluma se eleva 14 metros sobre el muelle y el cable del gancho es tan largo que le permite descargar barcos con las mareas bajas más vivas, pudiendo alcanzar una longitud de hasta 23 metros desde la polea. Tiene un radio de acción de 11 metros y para soportar la tensión de las cargas la grúa dispone en su parte trasera de un contrapeso de 34 toneladas. En las pruebas iniciales pudo cargar sin dificultad una gabarra lastrada que pesaba 36 toneladas. La grúa (diseño y construcción) costó un total de 70.500 pesetas de la época. A ese importe hay que sumar las 4.320 pesetas que costó un mecanismo secundario que permite mover de forma manual, empleando la fuerza de 6 hombres, cargas de menos de 10 toneladas de peso. En 1927 la máquina de vapor que la accionaba fue reemplazada por un motor eléctrico.

Antigua postal (1910)


Descargando una locomotora a vapor

Descargando un trolebús de dos pisos (1961)
(Imagen procedente de "Cantabria y Santander en el recuerdo")

No tuvo que pasar mucho tiempo para que la grúa empezara a ser conocida como la "grúa de piedra" por la base en la que está asentada. En los puertos existía la costumbre de denominar "grúa titán" a la grúa más potente, la que podía mover más peso. Durante casi toda su vida útil la Grúa de Piedra fue la grúa titán del puerto de Santander, ya que las grúas más potentes "sólo" podían mover hasta 12 toneladas. La grúa estuvo en servicio hasta los primeros años 90, aunque los últimos años era usada de forma esporádica.

Placa restaurada situada en la pluma


martes, 23 de mayo de 2017

El otro Santander (IX)

La calle Alfonso VIII


Si se pregunta por ella, mucha gente no sólo no sabe dónde está sino que ni siquiera sabe que existe una calle con ese nombre. Pues bien, la calle Alfonso VIII es la pequeña calle, muy céntrica, que comunica la avenida de Calvo Sotelo con la calle Somorrostro. Es la calle a la que da la parte trasera de Correos, en cuya fachada está la placa con el nombre.


Calle Alfonso VIII en la actualidad

Cuando se construyó el actual edificio de Correos en 1926 en la plaza de la Dársena, donde estaba entonces el monumento a Velarde, quedó un espacio entre los edificio de Correos y La Pescadería que servía como vía de servicio entre las calles de La Ribera y Somorrostro. El edificio de La Pescadería fue construido para albergar los puestos de venta de pescado, pero los vendedores se negaron a ocuparlo y el edificio fue dedicado a mercado de todo tipo de géneros. En la planta superior se instaló el "Café del Brillante" y posteriormente el teatrillo "Variedades". En 1914 se instaló allí el Ateneo. El edificio fue destruido por un incendio en 1917.


Avenida de Calvo Sotelo (años 50)
(Junto a Correos se puede ver el edificio de los Juzgados)

El nuevo edificio que se construyó en su lugar en 1922 fue la sede, en su planta superior, de los Juzgados y del Registro Civil. En su planta baja había varios comercios. Fue derribado en los años 60 para ampliar la plaza de Atarazanas. En el solar se habilitó un pequeño aparcamiento hasta que la plaza fue remodelada en los años 90.


Plaza de Atarazanas (años 70-80)

La calle recibió el nombre de Alfonso VIII en 1920 en recuerdo del rey de Castilla que nombró al abad de San Emeterio dueño y señor del pueblo y dotó a la villa de Santander de un fuero que tendía a facilitar el tráfico marítimo, la pesca y el comercio, actividades de las que la Abadía recibía sus tributos, así como la elaboración de escabeches y las explotaciones vinícolas.


El otro Santander (VIII)


viernes, 19 de mayo de 2017

Vuelven a Santander

Desde hace unas semanas el Ayuntamiento está llevando a cabo una serie de obras para el nuevo servicio de "autobuses lanzadera", el también llamado eufemísticamente "Metro-TUS", una línea rápida de autobuses articulados que unirá Valdecilla con El Sardinero a través del túnel de Tetuán. Dichas obras consisten en la construcción de dos grandes paradas para el principio y el fin de la línea (en Valdecilla y en El Sardinero, frente al campo del Racing), la modificación de algunas paradas (en la calle San Fernando, el paseo de Pereda, etc.), el estrechamiento del bulevar del paseo de Pereda para hacer un nuevo carril en cada sentido del tráfico, etc., etc. También tendrán prioridad en los semáforos; es decir, siempre tendrán los semáforos en verde. Todo ello es para, se supone, facilitar la circulación de los nuevos autobuses articulados que cubrirán dicho servicio.

 Autobús articulado en la avenida de Reina Victoria (1977)

Interior de un autobús articulado

Sí, los autobuses articulados volverán a circular por Santander. Llegaron a Santander, si no me equivoco, en los primeros años 70 y los últimos dejaron de circular a finales de los 90. Cubrían la recordada línea "Valdecilla-Sardinero" (antecesora de la actual línea 1), primero hasta la plaza de Las Brisas, y después hasta la calle Dr. Marañón, en El Sardinero, cuando la línea se alargó.

Autobús articulado en la avenida de Valdecilla (1996)
(Autor: José A. Tartajo)

Autobús articulado en la calle Jesús de Monasterio
(Imagen procedente de Ahora Cantabria)

Cuando, en los años ochenta, el Ayuntamiento renovó los autobuses municipales, conservó los autobuses articulados pero los sometió a una completa reforma, cambiando tanto su exterior, con una nueva parte frontal y, en algunos casos, laterales también nuevos, como su interior, cambiando los asientos de madera originales por asientos tapizados iguales a los de los nuevos autobuses. Los autobuses articulados fueron retirados del servicio a finales de los años 90.


miércoles, 10 de mayo de 2017

Están a la vista pero no los vemos

Cuando se pasea por las calles de Santander, además de descubrir calles y rincones poco conocidos, también podemos descubrir pequeños elementos, detalles, etc., que pasan desapercibidos y que, en muchos casos, deberían ser conservados y restaurados. Este es el caso de los dos elementos quiero daros a conocer.

En la calle San Celedonio, muy cerca de la Cuesta de la Atalaya, podemos ver una antigua portalada que, por su aspecto, debió pertenecer a alguna casa familiar o residencia, tal vez a algún taller, almacén, colegio, etc., que hubo ahí. En cualquier caso sólo queda la portalada, con dos huecos, y dos adornos en su parte superior de los que quedan unos restos. Es increíble que al construir los edificios actuales, cuando se reconstruyó la ciudad después del incendio de 1941, se conservara dicha portalada.


Portalada en la calle San Celedonio

En la calle Arrabal, muy cerca de la plaza del Río de la Pila, hay un antiguo edificio bajo perteneciente a una entidad financiera y que a veces ha sido sala de exposiciones. Como se puede ver en la foto inferior, tiene unos adornos con molduras que bien restaurados creo que quedarían muy bonitos y destacarían.


Edificio en la calle Arrabal


martes, 25 de abril de 2017

Un poco de historia (LXII)

El primer presupuesto de Santander

Estos días en los que se habla mucho, entre otros temas, de los Presupuestos Generales del Estado y de cuentas públicas son un buen motivo para retroceder en el tiempo y conocer el que fue el primer presupuesto público de Santander.

Transcurría el año 1789 cuando don Manuel Francisco de Cevallos Guerra, conde de Villafuerte1, es elegido regidor de la ciudad. Villafuerte, desde mucho tiempo antes de ser elegido regidor, además de en la Corte, también gustaba de participar en los asuntos municipales. Hizo sugerencias de todo tipo, como dividir la ciudad en sectores para todo lo relacionado con la limpieza y el alumbrado públicos y trazó un plan para establecer una escuela de obstetricia. Una vez elegido regidor, Villafuerte establece unas normas para elegir los cargos públicos, presenta un nuevo plan sobre los empleados municipales (número, vestuario, retribución, etc.), compró en Inglaterra mangueras y cubos para apagar incendios, aprobó el reglamento de la limpieza pública, etc., etc.

De entre todas las novedades que introdujo Villafuerte en la forma de gestionar la ciudad, destaca la creación del primer presupuesto realizado de manera formal y sujeto a una reglamentación moderna. Desglosado, el presupuesto establecía las siguientes partidas:

  • Se abolieron los emolumentos que percibían los miembros del Cabildo Municipal (alcaldes, regidores, etc.). En su lugar se les asignó una retribución de 600 reales al año.
  • 300 reales al regidor encargado de la correspondencia para tinta y papel.
  • 400 reales al Procurador General para gastos menores.
  • 8.000 reales al Secretario por todas las tareas correspondientes a su cargo (asistir al Ayuntamiento, a la Junta de Propios y Arbitrios, a las rondas durante todo el año, etc.) sin poder percibir ninguna clase de gajes por razón de su empleo.
  • 3.300 reales al Archivero, que debía tener conocimiento de lenguas antiguas y buena pluma.
  • 6.000 reales al Depositario de las rentas de la ciudad.
  • 2.930 reales al Alguacil.
  • 2.555 reales a cada uno de los seis fieles de la policía con la obligación de actuar de porteros, cuidando de la limpieza de la Casa Consistorial y otros menesteres.
  • 1.450 reales al Alcaide de la cárcel.
  • 1.460 reales a cada uno de los cuatro alguaciles del juzgado.
  • 2.200 reales a dos clarineros.
  • 2.200 reales a un timbalero.
  • 3.700 reales a un celador de fuentes, cañerías, lavaderos, albercas, puentes, alcantarillas, empedrados, murallas, carnicería y puertas y edificios públicos.
  • 1.100 reales al Capellán del Oratorio del Ayuntamiento.
  • 140 reales al predicador de la fiesta de San Sebastián por el sermón.
  • 8.800 reales a cada uno de los médicos con obligación de no cobrar visitas a los vecinos, ni al hospital y pobres ni a los miembros del Cabildo Eclesiástico y de las comunidades religiosas, y sí poder exigir "moderado derecho" por la visita a los enfermos no avecindados.
  • 7.700 reales al cirujano primero comadrón con la obligación de asistir en partos difíciles y enseñar el arte de la obstetricia dando un curso cada año.
  • 4.950 reales a un segundo cirujano.
  • 2.000 reales a cada uno de los tres sangradores.
  • 6.000 reales a un médico de los cuatro lugares.
  • 2.200 reales al apoderado en Madrid.
  • 2.200 reales y un vestido libre cada dos años al pregonero público, "sin derecho al cuartillo de vino en cuba o palo de leña en carro de lo que se consume en esta ciudad, que está disfrutando".
  • 4.400 reales para la cera de funciones anuales fijas.
  • 1.626 reales perpetuos que se pagaban a la Catedral.
  • 6.624 reales para la Refacción Venerable, según la última concordia establecida con el Cabildo.
  • 1.100 reales para la conservación y ornato del oratorio de la Casa Consistorial.
  • 300 reales como limosna a la Venerable Orden Tercera.
  • 2.800 reales para las novilladas en honor de San Matías.
  • 120 reales para la tropa para las procesiones de Semana Santa.
  • 50.000 reales para gastos ordinarios y extraordinarios: reparaciones menores en fuentes y lavaderos, obras de conservación, libros municipales, sellos, encuadernaciones, carros para la limpieza pública, manutención de los caballos, riego de las calles y paseos, etc., etc.
  • 2.200 reales al asesor del Ayuntamiento para la defensa de pleitos.
  • 50 reales a un mimbrero.
  • 60.023 reales para réditos de censos.
  • 352 reales como la parte correspondiente a la ciudad del sueldo del Gobernador de Laredo.
  • 3.300 reales como sueldo del Alcalde Mayor.
  • 200 reales a toneleros empleados en el aforo del vino patrimonial.
  • 60.000 reales por encabezamiento de Laredo con la Real Hacienda.
  • 1.000 reales por derechos de la Contaduría de Burgos.

Villafuerte dio a la ciudad una fisonomía moderna, desechó viejas costumbres, transformó las rutinarias regalías en derechos y prerrogativas más en consonancia con los nuevos tiempos y dejó una población bien organizada hasta donde pudo hacerlo.

Para escribir este artículo he utilizado como documentación el libro "Santander. Biografía de una ciudad", capítulo V, de José Simón Cabarga. Centro de Estudios Montañeses (1954).


1 Don Manuel Francisco de Cevallos Guerra nació en San Felices de Buelna en 1750. Era hijo de don Francisco Xavier Cevallos y Cevallos y de doña Margarita Guerra de la Vega y Peredo, señora de la casa de Guerra de Ibio. Se casó con doña María Aramburu, condesa de Villafuerte. Fue cruzado Caballero de Calatrava en 1790 cuando era capitán de granaderos. También fue, entre otros cargos, gentilhombre de cámara del Rey, coronel de Infantería y prior del Real Consulado de Santander.




miércoles, 19 de abril de 2017

El otro Santander (VIII)

La calle Isabel la Católica

Nuestro paseo nos lleva hoy a la calle Isabel la Católica, una calle en pendiente que empieza en la calle Jesús de Monasterio y termina en la calle Cisneros, no sin antes atravesar las calles Rubio y Magallanes. Es una de las calles que delimitaba el Barrio de La Florida, surgido en el siglo XIX cuando se urbaniza la zona al norte de la Alameda Primera. Aunque han pasado los años por ella, sus edificios antiguos están bien conservados y en ella aún se puede apreciar el aire señorial que tuvo.

Calle Isabel la Católica

La calle tiene una pequeña e interesante historia que contar1. En 1903 el pastor protestante Enrique de Tienda solicita al Ayuntamiento permiso para construir un edificio con capilla, escuela y vivienda en un solar de la calle para reemplazar la capilla que estaba abierta en un viejo almacén en la calle Limón. La nueva capilla fue inaugurada en 1904 y tenía cristaleras policromadas, varios bancos y un órgano. En 1937 la comunidad protestante que lo ocupaba fue desalojada y el edificio fue ocupado por la Falange hasta 1942, año en el que fue adquirido por el contratista Ceferino Damián Casanueva Fernández a sus legítmimos propietarios, la Compañía Española-Americana, domiciliada en Boston (Estados Unidos). En el edificio sólo quedaban unos bancos, que fueron donados a la iglesia de Consolación, en la calle Alta. El edificio aún existe y es el número 14 de la calle.

Edificio nº 14 de la calle Isabel la Católica

La calle recibió su nombre actual en 1866, y en 1880 el Ayuntamiento decidió prolongarla hasta la calle Concordia (actual calle Cisneros).


1 Para más información sobre este tema, recomiendo el libro "La historia de la Iglesia Evangélica de Santander", de Matilde Camus.


jueves, 13 de abril de 2017

Un poco de historia (LXI)

Semana Santa

Hace tres años publiqué un artículo con fotos que muestran cómo era la Semana Santa hace muchos años en Santander, y hace unas semanas conseguí más fotos antiguas de procesiones pero no las publiqué entonces ya que me pareció mejor publicarlas ahora, en Semana Santa.


Jesús Nazareno en la calle Alta (1995)
El Sagrado Corazón en la calle San José (1961)


La Virgen de La Esperanza en la calle San Fernando (1966)
La Virgen de La Esperanza en la calle Vargas (1963)






lunes, 10 de abril de 2017

El otro Santander (VII)

La calle La Marina

La calle que hoy nos ocupa, La Marina, es una pequeña calle cuyo nombre es desconocido por la gran mayoría. Está situada en el Casco Viejo de la ciudad y es la que une las calles Del Medio y Arrabal.


Calle La Marina

Es una de las más antiguas de la ciudad y era parte del antiguo Barrio de la Mar, formado por las calles Del Medio, Arrabal, Puntida y Arcillero (estas dos últimas desaparecieron en el incendio de 1941). Después de la Revolución de 1868 recibió su actual nombre de La Marina y se proyectó su prolongación por detrás del Parque Municipal de Bomberos y de las casas del Río de la Pila hasta la calle San Celedonio, pero dicho proyecto apenas se empezó fue suspendido y sólo quedó la actual calle La Milagrosa.