martes, 23 de mayo de 2017

El otro Santander (IX)

La calle Alfonso VIII


Si se pregunta por ella, mucha gente no sólo no sabe dónde está sino que ni siquiera sabe que existe una calle con ese nombre. Pues bien, la calle Alfonso VIII es la pequeña calle, muy céntrica, que comunica la avenida de Calvo Sotelo con la calle Somorrostro. Es la calle a la que da la parte trasera de Correos, en cuya fachada está la placa con el nombre.


Calle Alfonso VIII en la actualidad

Cuando se construyó el actual edificio de Correos en 1926 en la plaza de la Dársena, donde estaba entonces el monumento a Velarde, quedó un espacio entre los edificio de Correos y La Pescadería que servía como vía de servicio entre las calles de La Ribera y Somorrostro. El edificio de La Pescadería fue construido para albergar los puestos de venta de pescado, pero los vendedores se negaron a ocuparlo y el edificio fue dedicado a mercado de todo tipo de géneros. En la planta superior se instaló el "Café del Brillante" y posteriormente el teatrillo "Variedades". En 1914 se instaló allí el Ateneo. El edificio fue destruido por un incendio en 1917.


Avenida de Calvo Sotelo (años 50)
(Junto a Correos se puede ver el edificio de los Juzgados)

El nuevo edificio que se construyó en su lugar en 1922 fue la sede, en su planta superior, de los Juzgados y del Registro Civil. En su planta baja había varios comercios. Fue derribado en los años 60 para ampliar la plaza de Atarazanas. En el solar se habilitó un pequeño aparcamiento hasta que la plaza fue remodelada en los años 90.


Plaza de Atarazanas (años 70-80)

La calle recibió el nombre de Alfonso VIII en 1920 en recuerdo del rey de Castilla que nombró al abad de San Emeterio dueño y señor del pueblo y dotó a la villa de Santander de un fuero que tendía a facilitar el tráfico marítimo, la pesca y el comercio, actividades de las que la Abadía recibía sus tributos, así como la elaboración de escabeches y las explotaciones vinícolas.


El otro Santander (VIII)


viernes, 19 de mayo de 2017

Vuelven a Santander

Desde hace unas semanas el Ayuntamiento está llevando a cabo una serie de obras para el nuevo servicio de "autobuses lanzadera", el también llamado Metro-TUS, una línea rápida de autobuses articulados que unirá Valdecilla con El Sardinero a través del túnel de Tetuán. Dichas obras consisten en la construcción de dos grandes paradas para el principio y el fin de la línea (en Valdecilla y en El Sardinero, frente al campo del Racing), la modificación de algunas paradas (en la calle San Fernando, el paseo de Pereda, etc.), el estrechamiento del bulevar del paseo de Pereda para hacer un nuevo carril en cada sentido del tráfico, etc., etc. Todo ello es para, se supone, facilitar la circulación de los nuevos autobuses articulados que cubrirán dicho servicio.

 Autobús articulado en la avenida de Reina Victoria (1977)

Interior de un autobús articulado

Sí, los autobuses articulados volverán a circular por Santander. Llegaron a Santander, si no me equivoco, en los primeros años 70 y los últimos dejaron de circular a finales de los 90. Cubrían la recordada línea "Valdecilla-Sardinero" (antecesora de la actual línea 1), primero hasta la plaza de Las Brisas, y después hasta la calle Dr. Marañón, en El Sardinero, cuando la línea se alargó.

Autobús articulado en la avenida de Valdecilla (1996)
(Autor: José A. Tartajo)

Autobús articulado en la calle Jesús de Monasterio
(Imagen procedente de Ahora Cantabria)

Cuando, en los años ochenta, el Ayuntamiento renovó los autobuses municipales, conservó los autobuses articulados pero los sometió a una completa reforma, cambiando tanto su exterior, con una nueva parte frontal y, en algunos casos, laterales también nuevos, como su interior, cambiando los asientos de madera originales por asientos tapizados iguales a los de los nuevos autobuses. Los autobuses articulados fueron retirados del servicio a finales de los años 90.


miércoles, 10 de mayo de 2017

Están a la vista pero no los vemos

Cuando se pasea por las calles de Santander, además de descubrir calles y rincones poco conocidos, también podemos descubrir pequeños elementos, detalles, etc., que pasan desapercibidos y que, en muchos casos, deberían ser conservados y restaurados. Este es el caso de los dos elementos quiero daros a conocer.

En la calle San Celedonio, muy cerca de la Cuesta de la Atalaya, podemos ver una antigua portalada que, por su aspecto, debió pertenecer a alguna casa familiar o residencia, tal vez a algún taller, almacén, colegio, etc., que hubo ahí. En cualquier caso sólo queda la portalada, con dos huecos, y dos adornos en su parte superior de los que quedan unos restos. Es increíble que al construir los edificios actuales, cuando se reconstruyó la ciudad después del incendio de 1941, se conservara dicha portalada.


Portalada en la calle San Celedonio

En la calle Arrabal, muy cerca de la plaza del Río de la Pila, hay un antiguo edificio bajo perteneciente a una entidad financiera y que a veces ha sido sala de exposiciones. Como se puede ver en la foto inferior, tiene unos adornos con molduras que bien restaurados creo que quedarían muy bonitos y destacarían.


Edificio en la calle Arrabal


martes, 25 de abril de 2017

Un poco de historia (LXII)

El primer presupuesto de Santander

Estos días en los que se habla mucho, entre otros temas, de los Presupuestos Generales del Estado y de cuentas públicas son un buen motivo para retroceder en el tiempo y conocer el que fue el primer presupuesto público de Santander.

Transcurría el año 1789 cuando don Manuel Francisco de Cevallos Guerra, conde de Villafuerte1, es elegido regidor de la ciudad. Villafuerte, desde mucho tiempo antes de ser elegido regidor, además de en la Corte, también gustaba de participar en los asuntos municipales. Hizo sugerencias de todo tipo, como dividir la ciudad en sectores para todo lo relacionado con la limpieza y el alumbrado públicos y trazó un plan para establecer una escuela de obstetricia. Una vez elegido regidor, Villafuerte establece unas normas para elegir los cargos públicos, presenta un nuevo plan sobre los empleados municipales (número, vestuario, retribución, etc.), compró en Inglaterra mangueras y cubos para apagar incendios, aprobó el reglamento de la limpieza pública, etc., etc.

De entre todas las novedades que introdujo Villafuerte en la forma de gestionar la ciudad, destaca la creación del primer presupuesto realizado de manera formal y sujeto a una reglamentación moderna. Desglosado, el presupuesto establecía las siguientes partidas:

  • Se abolieron los emolumentos que percibían los miembros del Cabildo Municipal (alcaldes, regidores, etc.). En su lugar se les asignó una retribución de 600 reales al año.
  • 300 reales al regidor encargado de la correspondencia para tinta y papel.
  • 400 reales al Procurador General para gastos menores.
  • 8.000 reales al Secretario por todas las tareas correspondientes a su cargo (asistir al Ayuntamiento, a la Junta de Propios y Arbitrios, a las rondas durante todo el año, etc.) sin poder percibir ninguna clase de gajes por razón de su empleo.
  • 3.300 reales al Archivero, que debía tener conocimiento de lenguas antiguas y buena pluma.
  • 6.000 reales al Depositario de las rentas de la ciudad.
  • 2.930 reales al Alguacil.
  • 2.555 reales a cada uno de los seis fieles de la policía con la obligación de actuar de porteros, cuidando de la limpieza de la Casa Consistorial y otros menesteres.
  • 1.450 reales al Alcaide de la cárcel.
  • 1.460 reales a cada uno de los cuatro alguaciles del juzgado.
  • 2.200 reales a dos clarineros.
  • 2.200 reales a un timbalero.
  • 3.700 reales a un celador de fuentes, cañerías, lavaderos, albercas, puentes, alcantarillas, empedrados, murallas, carnicería y puertas y edificios públicos.
  • 1.100 reales al Capellán del Oratorio del Ayuntamiento.
  • 140 reales al predicador de la fiesta de San Sebastián por el sermón.
  • 8.800 reales a cada uno de los médicos con obligación de no cobrar visitas a los vecinos, ni al hospital y pobres ni a los miembros del Cabildo Eclesiástico y de las comunidades religiosas, y sí poder exigir "moderado derecho" por la visita a los enfermos no avecindados.
  • 7.700 reales al cirujano primero comadrón con la obligación de asistir en partos difíciles y enseñar el arte de la obstetricia dando un curso cada año.
  • 4.950 reales a un segundo cirujano.
  • 2.000 reales a cada uno de los tres sangradores.
  • 6.000 reales a un médico de los cuatro lugares.
  • 2.200 reales al apoderado en Madrid.
  • 2.200 reales y un vestido libre cada dos años al pregonero público, "sin derecho al cuartillo de vino en cuba o palo de leña en carro de lo que se consume en esta ciudad, que está disfrutando".
  • 4.400 reales para la cera de funciones anuales fijas.
  • 1.626 reales perpetuos que se pagaban a la Catedral.
  • 6.624 reales para la Refacción Venerable, según la última concordia establecida con el Cabildo.
  • 1.100 reales para la conservación y ornato del oratorio de la Casa Consistorial.
  • 300 reales como limosna a la Venerable Orden Tercera.
  • 2.800 reales para las novilladas en honor de San Matías.
  • 120 reales para la tropa para las procesiones de Semana Santa.
  • 50.000 reales para gastos ordinarios y extraordinarios: reparaciones menores en fuentes y lavaderos, obras de conservación, libros municipales, sellos, encuadernaciones, carros para la limpieza pública, manutención de los caballos, riego de las calles y paseos, etc., etc.
  • 2.200 reales al asesor del Ayuntamiento para la defensa de pleitos.
  • 50 reales a un mimbrero.
  • 60.023 reales para réditos de censos.
  • 352 reales como la parte correspondiente a la ciudad del sueldo del Gobernador de Laredo.
  • 3.300 reales como sueldo del Alcalde Mayor.
  • 200 reales a toneleros empleados en el aforo del vino patrimonial.
  • 60.000 reales por encabezamiento de Laredo con la Real Hacienda.
  • 1.000 reales por derechos de la Contaduría de Burgos.

Villafuerte dio a la ciudad una fisonomía moderna, desechó viejas costumbres, transformó las rutinarias regalías en derechos y prerrogativas más en consonancia con los nuevos tiempos y dejó una población bien organizada hasta donde pudo hacerlo.

Para escribir este artículo he utilizado como documentación el libro "Santander. Biografía de una ciudad", capítulo V, de José Simón Cabarga. Centro de Estudios Montañeses (1954).


1 Don Manuel Francisco de Cevallos Guerra nació en San Felices de Buelna en 1750. Era hijo de don Francisco Xavier Cevallos y Cevallos y de doña Margarita Guerra de la Vega y Peredo, señora de la casa de Guerra de Ibio. Se casó con doña María Aramburu, condesa de Villafuerte. Fue cruzado Caballero de Calatrava en 1790 cuando era capitán de granaderos. También fue, entre otros cargos, gentilhombre de cámara del Rey, coronel de Infantería y prior del Real Consulado de Santander.




miércoles, 19 de abril de 2017

El otro Santander (VIII)

La calle Isabel la Católica

Nuestro paseo nos lleva hoy a la calle Isabel la Católica, una calle en pendiente que empieza en la calle Jesús de Monasterio y termina en la calle Cisneros, no sin antes atravesar las calles Rubio y Magallanes. Es una de las calles que delimitaba el Barrio de La Florida, surgido en el siglo XIX cuando se urbaniza la zona al norte de la Alameda Primera. Aunque han pasado los años por ella, sus edificios antiguos están bien conservados y en ella aún se puede apreciar el aire señorial que tuvo.

Calle Isabel la Católica

La calle tiene una pequeña e interesante historia que contar1. En 1903 el pastor protestante Enrique de Tienda solicita al Ayuntamiento permiso para construir un edificio con capilla, escuela y vivienda en un solar de la calle para reemplazar la capilla que estaba abierta en un viejo almacén en la calle Limón. La nueva capilla fue inaugurada en 1904 y tenía cristaleras policromadas, varios bancos y un órgano. En 1937 la comunidad protestante que lo ocupaba fue desalojada y el edificio fue ocupado por la Falange hasta 1942, año en el que fue adquirido por el contratista Ceferino Damián Casanueva Fernández a sus legítmimos propietarios, la Compañía Española-Americana, domiciliada en Boston (Estados Unidos). En el edificio sólo quedaban unos bancos, que fueron donados a la iglesia de Consolación, en la calle Alta. El edificio aún existe y es el número 14 de la calle.

Edificio nº 14 de la calle Isabel la Católica

La calle recibió su nombre actual en 1866, y en 1880 el Ayuntamiento decidió prolongarla hasta la calle Concordia (actual calle Cisneros).


1 Para más información sobre este tema, recomiendo el libro "La historia de la Iglesia Evangélica de Santander", de Matilde Camus.


jueves, 13 de abril de 2017

Un poco de historia (LXI)

Semana Santa

Hace tres años publiqué un artículo con fotos que muestran cómo era la Semana Santa hace muchos años en Santander, y hace unas semanas conseguí más fotos antiguas de procesiones pero no las publiqué entonces ya que me pareció mejor publicarlas ahora, en Semana Santa.


Jesús Nazareno en la calle Alta (1995)
El Sagrado Corazón en la calle San José (1961)


La Virgen de La Esperanza en la calle San Fernando (1966)
La Virgen de La Esperanza en la calle Vargas (1963)






lunes, 10 de abril de 2017

El otro Santander (VII)

La calle La Marina

La calle que hoy nos ocupa, La Marina, es una pequeña calle cuyo nombre es desconocido por la gran mayoría. Está situada en el Casco Viejo de la ciudad y es la que une las calles Del Medio y Arrabal.


Calle La Marina

Es una de las más antiguas de la ciudad y era parte del antiguo Barrio de la Mar, formado por las calles Del Medio, Arrabal, Puntida y Arcillero (estas dos últimas desaparecieron en el incendio de 1941). Después de la Revolución de 1868 recibió su actual nombre de La Marina y se proyectó su prolongación por detrás del Parque Municipal de Bomberos y de las casas del Río de la Pila hasta la calle San Celedonio, pero dicho proyecto apenas se empezó fue suspendido y sólo quedó la actual calle La Milagrosa.



domingo, 26 de marzo de 2017

Un submarino en Gamazo

El 13 de mayo de 1918 partió del puerto de Zeebrugge (Bélgica) el submarino alemán U-56 para patrullar el Golfo de Vizcaya. Al cabo de unos días de navegación la tripulación notó que las máquinas del submarino empezaban a fallar. La avería llegó a ser tan grave que si el barco se sumergía corría el riesgo de no poder volver a la superficie. Ante estas circunstancias, y pese a que el puerto de Bilbao estaba más cerca, el comandante del submarino decidió venir al puerto de Santander porque ya lo conocía puesto que, antes de la guerra, había servido como oficial en vapores de la Compañía Hamburguesa.

Una vez en la bahía largó dos cables a la boya situada frente a Puertochico para servicio de los correos españoles. Allí quedó amarrado hasta que las autoridades de Marina subieron a bordo y fueron informadas de las averías del submarino. Entonces decidieron llevarlo al dique de Gamazo, donde quedó retenido. Como la guerra no había terminado y España era un país neutral, las leyes internacionales establecían que en estas situaciones el barco debía ser despojado de los elementos imprescindibles para la navegación y de todo el armamento que llevara a bordo. Por este motivo le quitaron la hélice, algunas piezas de los motores, escotillas y el equipo de radiotelegrafía, así como las municiones. No llevaba torpedos ya que los había disparado todos contra barcos ingleses antes de averiarse. El U-56 medía 50 metros de eslora y desplazaba 500 toneladas, tenía dos tubos lanzatorpedos y un pequeño cañón en la proa y fue construido en 1912.

Submarino U-56 en Gamazo (1918)

Ese mismo día, por la tarde, en la Comandancia de Marina el comandante, los oficiales y la marinería del submarino prestaron juramento de no evadirse, por lo que a partir de ese momento podían moverse con libertad por donde quisieran. El cónsul alemán en Santander, Herman Hoppe, corrió con los gastos del alojamiento de la tripulación en el Hotel Royal, además de comprarles ropa y todo cuanto necesitaran. Ningún miembro de la tripulación del submarino quiso hacer declaraciones a la prensa y todos ellos se lamentaban de no poder seguir tomando parte en la guerra.

Tripulación del submarino U-56

El submarino se quedó retenido en Santander hasta el final de la guerra debido a las presiones de los países beligerantes, al poco interés del gobierno español en devolver el submarino a Alemania y a que ésta ya estaba prácticamente derrotada. Una vez acabada la guerra, y según lo establecido en el armisticio, los cazatorpedos ingleses Foolish y Guiltless vinieron a Santander para hacerse cargo del submarino, que nunca más volvió a navegar. Mientras estuvo en Santander era vigilado por el destructor Bustamante y el cañonero María de Molina.

Se puede encontrar más información en:
  • Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Diario El Día (25/05/1918).
  • Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Diario La Correspondencia de España (25/05/1918).
  • Hemeroteca del diario ABC de Madrid. Revista Blanco y Negro (2/06/1918).
  • Hemeroteca del diario ABC de Madrid (31/12/1918).
  • Hemeroteca del diario La Vanguardia (26/05/1918).
  • Hemeroteca del diario La Vanguardia (27/05/1918).



martes, 14 de marzo de 2017

Un poco de historia (LX)

El cementerio de San Fernando

Una Real Cédula de 3 de abril de 1787 dictada por Carlos III prohibía enterrar en las iglesias y ordenaba la construcción de cementerios en las afueras de las ciudades por razones de salubridad y para evitar la propagación de enfermedades como el cólera y la peste. Por este motivo el Ayuntamiento aprueba en 1813 la construcción de un nuevo cementerio en las Calzadas Altas, fuera de los muros de la ciudad. Hasta entonces los enterramientos se realizaban en el pequeño cementerio que había en el convento de San Francisco, en el que había que remover los enterramientos ya existentes para hacer sitio a los que se iban produciendo. Esto hacía que salieran al aire los efluvios de la descomposición de los cuerpos enterrados.

Para la construcción del nuevo cementerio el Ayuntamiento compró unos terrenos a la condesa de Isla. Como éstos estaban cerca del convento de la Santa Cruz, de las clarisas, el cementerio se empezó llamando "de la Santa Cruz". Los primeros enterramientos tuvieron lugar en 1830. Sin embargo, el nuevo cementerio no tuvo mucha aceptación1 y se seguían produciendo enterramientos en el pequeño cementerio de San Francisco, que ya estaba saturado. Esto provocó que en 1833 el Intendente de la Provincia de Santander recordara al Ayuntamiento la prohibición de enterrar en iglesias y en el interior de las ciudades. Al año siguiente, 1834, con motivo de una epidemia de cólera, el Ayuntamiento establece que el cementerio de San Fernando sea el único lugar en el que se puedan celebrar enterramientos. En 1838 las tumbas del cementerio de San Francisco fueron trasladadas al de San Fernando.

Cementerio de San Fernando

En 1881 el Ayuntamiento encargó al arquitecto municipal Casimiro Pérez de la Riva el diseño de un nuevo cementerio más grande en Ciriego. Después de superar varios problemas de diversa índole, sobre todo con los terrenos, el 3 de septiembre de 1893, y bajo la supervisión del nuevo arquitecto municipal Joaquín Ruiz Sierra, es inaugurado el nuevo Cementerio Municipal de Ciriego.

Una vez abierto el cementerio de Ciriego el de San Fernando fue clausurado y las tumbas fueron trasladadas a Ciriego en los años 20. En los terrenos que ocupaba se construyó la Prisión Provincial, inaugurada en 1935.

Pese a que el de San Fernando era un cementerio católico, en él estuvieron enterrados los miembros de la Legión Británica2 bajo un monumento conmemorativo. El hecho de enterrar no católicos en tierra sagrada, considerado un sacrilegio por buena parte de la sociedad de la época, fue uno de los motivos por los que se decidió la construcción de un cementerio para protestantes. Tanto el monumento como los enterramientos fueron trasladados al Cementerio Protestante situado en la calle Cardenal Herrera Oria cuando éste fue inaugurado en 1864.

Una curiosidad: una vez derribado el cementerio de San Fernando muchas piedras de las tumbas fueron empleadas para hacer los bordillos en algunas calles, por lo que era posible ver algunos de los nombres de quienes ocuparon dichas tumbas.


1 En esa época existía la creencia popular de que un cementerio que no estuviera junto a una iglesia no podía considerarse un lugar sagrado y, por lo tanto, en él no se podía recibir cristiana sepultura.
2 La Legión Británica fue un cuerpo militar de voluntarios formado en 1835 por Gran Bretaña atendiendo a una petición de la Reina regente española María Cristina de Borbón para que proporcionara apoyo a las tropas liberales en la Primera Guerra Carlista.




miércoles, 8 de marzo de 2017

Refugios antiaéreos (VIII)

Hace unas semanas Carmen Toraya, una seguidora del blog, me mandó un correo en el que me hablaba de unos refugios antiaéreos que estaban en el talud cercano al barrio de la Peña del Cuervo, junto a las vías de RENFE. En el correo me cuenta que recuerda que de pequeña ella y sus amigos iban a jugar a los refugios. También me cuenta que en uno de los bombardeos sobre Santander algunas personas, entre ellas un familiar suyo, murieron porque no les dio tiempo de llegar a estos refugios.



En el lugar en el que Carmen dice que estaban los refugios hay árboles y mucha maleza y matorrales, por lo que si dichos refugios aún existen están totalmente cubiertos y no se ven, además la ladera es muy peligrosa y no es recomendable bajar por ella sin el equipo adecuado. El lugar está situado a la altura de un pequeño parque infantil que está casi al inicio del camino que parte de la calle Justicia y va hasta la calle Jerónimo Sainz de la Maza.

He tratado de obtener más información sobre estos refugios pero no he podido averiguar nada. Aprovecho la ocasión para agradecer públicamente a Carmen su aportación al blog.