domingo, 30 de agosto de 2015

Un poco de historia (XLII)

La Estación de Biología Marina

En 1883 al científico montañés Augusto González de Linares (Valle de Cabuérniga, 1845 – Santander, 1904), siendo catedrático en la Universidad de Valladolid, se le encomendó el estudio de las costas españolas. De dicho proyecto surgió la creación de la Estación Marítima de Zoología y Biología Experimentales, la primera en España dedicada al estudio de la biología marina, y una de las pocas que había en el mundo en esa época. En 1886 viajó a Italia para estudiar el funcionamiento de instituciones similares. Cuando volvió a España al año siguiente propuso que la primera Estación española se construyera en Santander, dado el gran apoyo que recibió en Santander para su creación y a que el mar Cantábrico no estaba tan estudiado como otros mares y era idóneo para estudiar los fondos marinos.

Acuario de la Estación de Biología Marina (1900)

Su primera ubicación, en 1889, fue una pensión en el centro de Santander. De ahí pasó a un chalé en El Sardinero hasta que en 1903 se traslada a un piso en Puertochico. Por fin, en 1907 se traslada a su ubicación definitiva, un pequeño edificio situado en Gamazo, junto a la fábrica de gas, en el que había laboratorios, una pequeña exposición y acuarios.

Estación de Biología Marina en Gamazo (años 70)

En 1901 fue adscrita al Museo Nacional de Ciencias Naturales, con el que pasó a formar parte de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. En 1914 fue transferida al recién creado Instituto Español de Oceanografía. El edificio de Gamazo estuvo en activo hasta 1978, año en el que fueron inauguradas las actuales instalaciones del IEO, en donde está el laboratorio, y el Museo Marítimo del Cantábrico, en donde está la exposición. También está el laboratorio original de Augusto González de Linares.

Plaza de Augusto González de Linares (1912)

Monumento a Augusto González de Linares en los Jardines de Piquío

En 1904 la ciudad honró a Augusto González de Linares dando su nombre a la Plaza del Pañuelo (actual Plaza de Italia), en donde fue colocado un monumento, obra de José Quintana. En él hay un busto de González de Linares y una figura femenina que representa una alegoría de la Fama que le tiende una rama de laurel. En 1917 fue trasladado a los Jardines de Piquío y al finalizar la Guerra Civil fue desmontado, siendo el busto trasladado al Museo Marítimo y el pedestal con la figura femenina a la Alameda de Oviedo en 1971. Unos años después el busto fue puesto de nuevo en el pedestal para la restauración del monumento, llevada a cabo por Eduardo Anievas. Una vez restaurado fue llevado de nuevo a El Sardinero, esta vez a los pequeños jardines situados entre la playa de La Concha y la Primera Playa, donde aún sigue. Como se puede ver, este monumento también ha conocido distintas ubicaciones en la ciudad, aunque no tantas como el monumento a Velarde.

Monumento a Augusto González de Linares en la actualidad

Aunque el monumento se encuentra en El Sardinero, está en un lugar en el que apenas destaca. También hay que decir que está totalmente abandonado y necesitado de una buena limpieza y restauración, como, desgraciadamente, la mayoría de los monumentos de la ciudad. La mano con la rama de laurel de la figura femenina hace tiempo que desapareció.


domingo, 2 de agosto de 2015

Los jarrones de piedra

Entre los distintos elementos que podemos encontrar en la ciudad como parte del ornamento público hoy nos vamos a fijar en dos de ellos que, como todos los demás, pasan totalmente desapercibidos aun estando a la vista. Me refiero a dos jarrones de piedra, exactamente iguales, que están en distintos puntos de la ciudad.

Uno de ellos está en la plaza de Puertochico y el otro está en la Alameda de Oviedo, cerca de la plaza de Numancia.

Jarrón en Puertochico

Jarrón en la Alameda de Oviedo

Como se puede ver en las fotos los dos jarrones están sobre sendas columnas también iguales, al igual que su base. No sé su antigüedad (tampoco sé si los actuales son los originales o son réplicas), pero si no son centenarios pronto lo serán, pues en los años 30 ya estaban en los jardines centrales del Paseo de Pereda, como se puede ver en la siguiente foto.


Aunque los jarrones son iguales, en la foto se puede ver que las columnas sobre las que están son un poco más altas que las actuales, aunque tienen el mismo diseño. En esta misma foto, al fondo y a la izquierda, se puede ver el banco monumento al Doctor Quintana, inaugurado en 1927.