martes, 5 de julio de 2016

La lucha entre las pueblas

Transcurría el siglo XV bajo el reinado de Enrique IV de Castilla (1425-1474), de la Casa de Trastámara, en un ambiente nada pacífico por las luchas entre los nobles y los reinos de Castilla, Aragón, Navarra y Portugal, cuando en 1462 nace Juana (1462-1530), fruto del matrimonio del rey con su segunda mujer Juana de Portugal (1439-1475). Juana, llamada la Beltraneja por decirse que era hija del noble Beltrán de la Cueva, fue jurada como Princesa de Asturias. Esto provocó un grave conflicto con la nobleza por la sucesión en el que Juan Pacheco, Marqués de Villena, y su hermano Pedro Girón, Maestre de Calatrava, fueron apartados del poder en favor de Beltrán de la Cueva, a quien el rey nombró valido suyo.

Sello real de Enrique IV

Esto provoco una serie de luchas entre nobles partidarios y detractores del rey. En esta guerra la Casa de Mendoza se posicionó a favor del rey. Como recompensa a su lealtad el rey, entre otras dádivas, cedió a Diego Hurtado de Mendoza (1417-1479), segundo Marqués de Santillana, la villa de Santander en 1466.

Esto no sentó nada bien a los habitantes de la villa, que preferían la autoridad del rey a la de los señores, por lo que no aceptaron someterse al Marqués de Santillana, su nuevo señor. Éste, al ver la resistencia de los santanderinos, hizo venir a sus fuerzas y las puso al mando de Ladrón de Guevara, señor de Escalante. Además, nombró a Juan de Gauna, merino de Santillana, y al corregidor García López de Burgos encargados de hacer cumplir lo dispuesto por el rey. Sin embargo, Santander decidió resistir. La villa estaba amurallada y antes de vencer la fortaleza de las murallas, el Marqués de Santillana venció la resistencia de tres hidalgos de la Puebla Vieja. Fernando Fernández de Alvarado, Juan Gutiérrez de Alvear y Gonzalo de Solórzano cedieron a las promesas del Marqués y una noche abrieron la puerta de la muralla de la Rúa Mayor, por donde entraron las tropas del Marqués, que se apoderaron de la Puebla Vieja, la abadía y el castillo.

Diego Hurtado de Mendoza, segundo Marqués de Santillana

Sorprendidos por la traición los leales al rey se refugiaron en la Puebla Nueva al tiempo que enviaban mensajeros por la costa y los valles cercanos para que contaran lo que sucedía en la villa. Los pueblos vecinos respondieron a la llamada ya que también temían perder sus fueros y libertades bajo la tiranía feudal del Marqués y sus aliados. La llegada de la ayuda permitió a la Puebla Nueva resistir los ataques de los que habían logrado introducirse en la misma. Tenían lugar recios y enconados combates a diario en los que morían combatientes de ambos bandos: hidalgos, burgueses..., entre ellos Fernando de Escalante. El puente de madera que cruzaba la ría de Becedo, cerca de las Atarazanas Reales, fue escenario de muchos de estos combates y los cuerpos de los muertos caían a la ría, cuyas aguas acabaron teñidas de rojo.

Al cabo de unos días las fuerzas del Marqués habían disminuido notablemente al no haber recibido refuerzos. Esto permitió que los santanderinos los cercaran. Al verse cercados, acordaron una tregua de sesenta días, durante los cuales la Puebla Vieja estaría en manos de Ladrón de Guevara y si en ese tiempo no recibían apoyo del Marqués les sería entregada a los vecinos de la villa.

Éstos aprovecharon la tregua para enviar barcos a solicitar aliados y recursos. Al cabo de unos días llegaron refuerzos por mar desde Trasmiera y Vizcaya al mando de Juan Alonso de Muxica y de Buytron, señor de Aramayona, antiguo aliado de los montañeses. También vinieron en ayuda de la villa Gonzalo de Salazar con sus solariegos de Somorrostro y Juan de Agüero con sus correspondientes fuerzas. Con todos estos refuerzos la villa acabó teniendo unos tres mil hombres escogidos y bien armados.

Por su parte, los refuerzos del Marqués venían al mando del Conde de Saldaña, pero a la altura de la puente de Arce se arredraron y detuvieron. Mientras tanto, la tregua estaba a punto de expirar. Sin esperar a que esto ocurriera, los de la villa atacaron con todas sus fuerzas la Puebla Vieja, ocupándola y recuperando la abadía y el castillo. También quemaron y destruyeron las casas de los traidores.

Al enterarse el rey de la resistencia de la villa, revocó su decisión y premió la lealtad de los habitantes de Santander titulando a la villa como "muy noble y leal". Para ello expidió un Privilegio el 8 de mayo de 1467 en los siguientes términos:

"Aceptando la mucha lealtad y fidelidad en que me habéis servido especialmente después que los movimientos presentes se comenzaron en mis reynos, é los muchos servicios que habéis hecho a los reyes mis antecesores, tengo por bien que esa villa se intitule Noble y Leal".

Estos fueron los primeros títulos que ha recibido Santander a lo largo de su historia y que forman parte del lema de la ciudad, que figura en su escudo.



Escudo de Santander del siglo XVI en el monumento a la Reconquista de Sevilla situado en Cuatro Caminos

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