martes, 30 de agosto de 2016

Un poco de historia (LIV)

La Rúa Mayor


La villa de Santander comenzó a formarse al flanco de la primitiva ermita del cerro de San Pedro. En esa zona se fue formando la llamada Puebla Vieja, o Puebla Alta, dentro de los límites de la muralla que rodeaba la villa. En la Puebla Vieja, además del castillo y la abadía, estaban las residencias de los más antiguos linajes de la villa, en su gran mayoría hidalgos y nobles, de los mandos militares y de los miembros del clero. La Puebla Vieja era donde vivía la aristocracia de la entonces villa de Santander.

Inicio de la Rúa Mayor junto a la Catedral

En la Puebla había pequeñas callejuelas, más bien callejones, que la atravesaban de norte a sur y de este a oeste, y tenía como calle principal la vía que comunicaba la torre de la abadía y la capilla del Espíritu Santo, o de Santiago, con la puerta de San Pedro, por la que se accedía a la Puebla. Esta puerta fue la que, en el siglo XV, tres nobles abrieron de madrugada para que entraran las fuerzas del Marqués de Santillana, que ocuparon la Puebla, el castillo y la abadía. Esta calle principal se llamó primero San Pedro, pero con el tiempo adquirió el nombre de Rúa Mayor.

Casona del linaje de Herrera (siglo XV)

Era una típica calle medieval, con casonas de grandes portones y escudos de piedra en la fachada a ambos lados, empedrada, en la que el sol sólo entraba al atardecer dada su estrechez y orientación. Según un Padrón de Hidalgos de 1786 en ella vivían cuarenta y cinco vecinos, de los que veintinueve eran nobles hidalgos, como los condes de Villafuerte y de Isla Fernández. En ella tuvieron su casa importantes linajes, como el de Escalante.

En la Puebla Vieja se fueron estableciendo talleres de artesanos (orfebres, ebanistas, toneleros, herreros, etc.), bodegas, pequeños cafés, etc. Cuando en 1903 el obispo Sánchez de Castro construyó el Palacio Episcopal, la capilla del Espíritu Santo quedó integrada en el mismo. Hasta entonces los prelados vivían en la plaza de los Remedios.

Palacio Episcopal (1903)

La calle Rúa Mayor tenía como paralela a su hermana Rúa Menor, ambas comunicadas por las calles Del Viento y Prieto. Para salir a la Puebla Nueva había muchos caminos, pero los dos principales eran ir a la calle Rúa Menor y bajar por la cuesta de Gibaja hasta la calle Atarazanas, o seguir por la Rúa Mayor hasta la torre de la Catedral y bajar por el arco de la torre hasta las calles Del Puente o Somorrostro. El arco bajo la torre de la Catedral era una rampa, no estaba escalonado como en la actualidad, por lo que por él podían pasar carros.

Desmonte del cerro de Somorrostro después del incendio de 1941
(aún se puede ver parte de la calzada de la vieja Rúa Mayor)

La calle Rúa Mayor y sus aledañas conservaron su carácter medieval hasta que el incendio de 1941 acabó con ellas. De las casonas de los nobles sólo se pudieron salvar algunos escudos de piedra de las fachadas que durante muchos años estuvieron de adorno en la Alameda de Oviedo. Prácticamente no quedó ninguna casa en pie. Ni la Catedral ni el Palacio Episcopal se salvaron de las llamas. Cuando se diseñó la nueva trama urbana de la ciudad para su reconstrucción, se dispuso el desmonte del cerro de Somorrostro para prolongar las calles Lealtad e Isabel II. Eso supuso la desaparición de muchas calles (Gibaja, el Callejón del Infierno, Prieto, Del Viento, Del Rincón, etc.), entre ellas la Rúa Mayor. Cuando se trazaron las nuevas calles se conservaron los nombres de algunas de las que desaparecieron.


Un poco de historia (LV)
Un poco de historia (LIII)
 

lunes, 15 de agosto de 2016

La araucaria oculta

La araucaria es un árbol de tronco recto que puede llegar a alcanzar los 80 metros de altura y tiene las ramas dispuestas horizontalmente. Procede de la región de Arauco, en Chile, y se utiliza con fines ornamentales. En Santander hay un magnífico ejemplar que, hasta hace unos días, estaba oculto. Crece en el patio trasero de un edificio de la calle Gómez Oreña y sólo se podía ver la parte superior, ya que sobresale por encima de las casas.

La araucaria asoma por encima de las casas de la calle Gómez Oreña

Digo que hasta hace unos días estaba oculto porque, con motivo del derribo del colegio Divina Pastora situado en la calle Santa Lucía, de momento es posible ver todo el árbol por la valla de la obra y por las ventanas que quedan en el muro que aún está en pie.


Junto a la araucaria crece otro árbol en ese pequeño patio interior. El árbol fue plantado por una vecina del número 11 de la calle Gómez Oreña. Parece mentira que en ese pequeño patio, rodeado de edificios, haya podido crecer un árbol así.

Si queréis verlo aprovechad antes de que pongan andamios y una lona en la obra y ya no se pueda ver. Es un árbol muy bonito y ójala las obras no lo dañen, sobre todo al excavar para hacer los cimientos y los garajes.


domingo, 7 de agosto de 2016

Un reloj de sol junto al faro de Cabo Mayor

Todos conocéis el faro de Cabo Mayor, seguro que habéis estado ahí muchas veces. En un día despejado las vistas son increíbles. Pero seguro que no habéis reparado en un pequeño muro que está al final de la carretera de acceso, a la izquierda, justo frente al faro. En ese muro hay tres bloques de piedra, uno de ellos es la base de una bola de piedra, y cada bloque tiene una inscripción en latín relativa a los relojes de sol. En la parte superior del bloque central, aunque está muy desgastado por el tiempo, aún se puede ver un reloj de sol grabado en la piedra, aunque el gnomon hace mucho tiempo que desapareció.


En este bloque se encuentra la inscripción que está en peor estado, pero aún se puede leer: "Sine sole sileo". Se puede traducir como "sin el sol callo". Es decir, un reloj de sol sin sol no funciona, no da la hora.


Este es el bloque central y tiene la inscripción "Ultima forsan", que se puede traducir, más o menos, como "quizás la última hora". Esta inscripción la tenían grabada muchos relojes de sol y se refiere a cuando empezaron a fabricarse los primeros relojes mecánicos, que no necesitan al sol, y que suponían la muerte de los relojes de sol. En un sentido más amplio puede referirse a nuestra última hora y que la muerte puede estar cercana.


En la parte superior de este bloque está grabado el reloj de sol. Hay que fijarse bien para poder ver los trazos que lo forman.


El tercer bloque (el primero según se sube al faro) tiene la inscripción "Tulit alter honores"; es decir, "otro se llevó los honores". Quiere decir que a partir de la invención de los relojes mecánicos los relojes de sol quedan relegados a un segundo plano, ya no son necesarios.