martes, 23 de mayo de 2017

El otro Santander (IX)

La calle Alfonso VIII


Si se pregunta por ella, mucha gente no sólo no sabe dónde está sino que ni siquiera sabe que existe una calle con ese nombre. Pues bien, la calle Alfonso VIII es la pequeña calle, muy céntrica, que comunica la avenida de Calvo Sotelo con la calle Somorrostro. Es la calle a la que da la parte trasera de Correos, en cuya fachada está la placa con el nombre.


Calle Alfonso VIII en la actualidad

Cuando se construyó el actual edificio de Correos en 1926 en la plaza de la Dársena, donde estaba entonces el monumento a Velarde, quedó un espacio entre los edificio de Correos y La Pescadería que servía como vía de servicio entre las calles de La Ribera y Somorrostro. El edificio de La Pescadería fue construido para albergar los puestos de venta de pescado, pero los vendedores se negaron a ocuparlo y el edificio fue dedicado a mercado de todo tipo de géneros. En la planta superior se instaló el "Café del Brillante" y posteriormente el teatrillo "Variedades". En 1914 se instaló allí el Ateneo. El edificio fue destruido por un incendio en 1917.


Avenida de Calvo Sotelo (años 50)
(Junto a Correos se puede ver el edificio de los Juzgados)

El nuevo edificio que se construyó en su lugar en 1922 fue la sede, en su planta superior, de los Juzgados y del Registro Civil. En su planta baja había varios comercios. Fue derribado en los años 60 para ampliar la plaza de Atarazanas. En el solar se habilitó un pequeño aparcamiento hasta que la plaza fue remodelada en los años 90.


Plaza de Atarazanas (años 70-80)

La calle recibió el nombre de Alfonso VIII en 1920 en recuerdo del rey de Castilla que nombró al abad de San Emeterio dueño y señor del pueblo y dotó a la villa de Santander de un fuero que tendía a facilitar el tráfico marítimo, la pesca y el comercio, actividades de las que la Abadía recibía sus tributos, así como la elaboración de escabeches y las explotaciones vinícolas.


El otro Santander (VIII)


viernes, 19 de mayo de 2017

Vuelven a Santander

Desde hace unas semanas el Ayuntamiento está llevando a cabo una serie de obras para el nuevo servicio de "autobuses lanzadera", el también llamado Metro-TUS, una línea rápida de autobuses articulados que unirá Valdecilla con El Sardinero a través del túnel de Tetuán. Dichas obras consisten en la construcción de dos grandes paradas para el principio y el fin de la línea (en Valdecilla y en El Sardinero, frente al campo del Racing), la modificación de algunas paradas (en la calle San Fernando, el paseo de Pereda, etc.), el estrechamiento del bulevar del paseo de Pereda para hacer un nuevo carril en cada sentido del tráfico, etc., etc. Todo ello es para, se supone, facilitar la circulación de los nuevos autobuses articulados que cubrirán dicho servicio.

 Autobús articulado en la avenida de Reina Victoria (1977)

Interior de un autobús articulado

Sí, los autobuses articulados volverán a circular por Santander. Llegaron a Santander, si no me equivoco, en los primeros años 70 y los últimos dejaron de circular a finales de los 90. Cubrían la recordada línea "Valdecilla-Sardinero" (antecesora de la actual línea 1), primero hasta la plaza de Las Brisas, y después hasta la calle Dr. Marañón, en El Sardinero, cuando la línea se alargó.

Autobús articulado en la avenida de Valdecilla (1996)
(Autor: José A. Tartajo)

Autobús articulado en la calle Jesús de Monasterio
(Imagen procedente de Ahora Cantabria)

Cuando, en los años ochenta, el Ayuntamiento renovó los autobuses municipales, conservó los autobuses articulados pero los sometió a una completa reforma, cambiando tanto su exterior, con una nueva parte frontal y, en algunos casos, laterales también nuevos, como su interior, cambiando los asientos de madera originales por asientos tapizados iguales a los de los nuevos autobuses. Los autobuses articulados fueron retirados del servicio a finales de los años 90.


miércoles, 10 de mayo de 2017

Están a la vista pero no los vemos

Cuando se pasea por las calles de Santander, además de descubrir calles y rincones poco conocidos, también podemos descubrir pequeños elementos, detalles, etc., que pasan desapercibidos y que, en muchos casos, deberían ser conservados y restaurados. Este es el caso de los dos elementos quiero daros a conocer.

En la calle San Celedonio, muy cerca de la Cuesta de la Atalaya, podemos ver una antigua portalada que, por su aspecto, debió pertenecer a alguna casa familiar o residencia, tal vez a algún taller, almacén, colegio, etc., que hubo ahí. En cualquier caso sólo queda la portalada, con dos huecos, y dos adornos en su parte superior de los que quedan unos restos. Es increíble que al construir los edificios actuales, cuando se reconstruyó la ciudad después del incendio de 1941, se conservara dicha portalada.


Portalada en la calle San Celedonio

En la calle Arrabal, muy cerca de la plaza del Río de la Pila, hay un antiguo edificio bajo perteneciente a una entidad financiera y que a veces ha sido sala de exposiciones. Como se puede ver en la foto inferior, tiene unos adornos con molduras que bien restaurados creo que quedarían muy bonitos y destacarían.


Edificio en la calle Arrabal


martes, 25 de abril de 2017

Un poco de historia (LXII)

El primer presupuesto de Santander

Estos días en los que se habla mucho, entre otros temas, de los Presupuestos Generales del Estado y de cuentas públicas son un buen motivo para retroceder en el tiempo y conocer el que fue el primer presupuesto público de Santander.

Transcurría el año 1789 cuando don Manuel Francisco de Cevallos Guerra, conde de Villafuerte1, es elegido regidor de la ciudad. Villafuerte, desde mucho tiempo antes de ser elegido regidor, además de en la Corte, también gustaba de participar en los asuntos municipales. Hizo sugerencias de todo tipo, como dividir la ciudad en sectores para todo lo relacionado con la limpieza y el alumbrado públicos y trazó un plan para establecer una escuela de obstetricia. Una vez elegido regidor, Villafuerte establece unas normas para elegir los cargos públicos, presenta un nuevo plan sobre los empleados municipales (número, vestuario, retribución, etc.), compró en Inglaterra mangueras y cubos para apagar incendios, aprobó el reglamento de la limpieza pública, etc., etc.

De entre todas las novedades que introdujo Villafuerte en la forma de gestionar la ciudad, destaca la creación del primer presupuesto realizado de manera formal y sujeto a una reglamentación moderna. Desglosado, el presupuesto establecía las siguientes partidas:

  • Se abolieron los emolumentos que percibían los miembros del Cabildo Municipal (alcaldes, regidores, etc.). En su lugar se les asignó una retribución de 600 reales al año.
  • 300 reales al regidor encargado de la correspondencia para tinta y papel.
  • 400 reales al Procurador General para gastos menores.
  • 8.000 reales al Secretario por todas las tareas correspondientes a su cargo (asistir al Ayuntamiento, a la Junta de Propios y Arbitrios, a las rondas durante todo el año, etc.) sin poder percibir ninguna clase de gajes por razón de su empleo.
  • 3.300 reales al Archivero, que debía tener conocimiento de lenguas antiguas y buena pluma.
  • 6.000 reales al Depositario de las rentas de la ciudad.
  • 2.930 reales al Alguacil.
  • 2.555 reales a cada uno de los seis fieles de la policía con la obligación de actuar de porteros, cuidando de la limpieza de la Casa Consistorial y otros menesteres.
  • 1.450 reales al Alcaide de la cárcel.
  • 1.460 reales a cada uno de los cuatro alguaciles del juzgado.
  • 2.200 reales a dos clarineros.
  • 2.200 reales a un timbalero.
  • 3.700 reales a un celador de fuentes, cañerías, lavaderos, albercas, puentes, alcantarillas, empedrados, murallas, carnicería y puertas y edificios públicos.
  • 1.100 reales al Capellán del Oratorio del Ayuntamiento.
  • 140 reales al predicador de la fiesta de San Sebastián por el sermón.
  • 8.800 reales a cada uno de los médicos con obligación de no cobrar visitas a los vecinos, ni al hospital y pobres ni a los miembros del Cabildo Eclesiástico y de las comunidades religiosas, y sí poder exigir "moderado derecho" por la visita a los enfermos no avecindados.
  • 7.700 reales al cirujano primero comadrón con la obligación de asistir en partos difíciles y enseñar el arte de la obstetricia dando un curso cada año.
  • 4.950 reales a un segundo cirujano.
  • 2.000 reales a cada uno de los tres sangradores.
  • 6.000 reales a un médico de los cuatro lugares.
  • 2.200 reales al apoderado en Madrid.
  • 2.200 reales y un vestido libre cada dos años al pregonero público, "sin derecho al cuartillo de vino en cuba o palo de leña en carro de lo que se consume en esta ciudad, que está disfrutando".
  • 4.400 reales para la cera de funciones anuales fijas.
  • 1.626 reales perpetuos que se pagaban a la Catedral.
  • 6.624 reales para la Refacción Venerable, según la última concordia establecida con el Cabildo.
  • 1.100 reales para la conservación y ornato del oratorio de la Casa Consistorial.
  • 300 reales como limosna a la Venerable Orden Tercera.
  • 2.800 reales para las novilladas en honor de San Matías.
  • 120 reales para la tropa para las procesiones de Semana Santa.
  • 50.000 reales para gastos ordinarios y extraordinarios: reparaciones menores en fuentes y lavaderos, obras de conservación, libros municipales, sellos, encuadernaciones, carros para la limpieza pública, manutención de los caballos, riego de las calles y paseos, etc., etc.
  • 2.200 reales al asesor del Ayuntamiento para la defensa de pleitos.
  • 50 reales a un mimbrero.
  • 60.023 reales para réditos de censos.
  • 352 reales como la parte correspondiente a la ciudad del sueldo del Gobernador de Laredo.
  • 3.300 reales como sueldo del Alcalde Mayor.
  • 200 reales a toneleros empleados en el aforo del vino patrimonial.
  • 60.000 reales por encabezamiento de Laredo con la Real Hacienda.
  • 1.000 reales por derechos de la Contaduría de Burgos.

Villafuerte dio a la ciudad una fisonomía moderna, desechó viejas costumbres, transformó las rutinarias regalías en derechos y prerrogativas más en consonancia con los nuevos tiempos y dejó una población bien organizada hasta donde pudo hacerlo.

Para escribir este artículo he utilizado como documentación el libro "Santander. Biografía de una ciudad", capítulo V, de José Simón Cabarga. Centro de Estudios Montañeses (1954).


1 Don Manuel Francisco de Cevallos Guerra nació en San Felices de Buelna en 1750. Era hijo de don Francisco Xavier Cevallos y Cevallos y de doña Margarita Guerra de la Vega y Peredo, señora de la casa de Guerra de Ibio. Se casó con doña María Aramburu, condesa de Villafuerte. Fue cruzado Caballero de Calatrava en 1790 cuando era capitán de granaderos. También fue, entre otros cargos, gentilhombre de cámara del Rey, coronel de Infantería y prior del Real Consulado de Santander.




miércoles, 19 de abril de 2017

El otro Santander (VIII)

La calle Isabel la Católica

Nuestro paseo nos lleva hoy a la calle Isabel la Católica, una calle en pendiente que empieza en la calle Jesús de Monasterio y termina en la calle Cisneros, no sin antes atravesar las calles Rubio y Magallanes. Es una de las calles que delimitaba el Barrio de La Florida, surgido en el siglo XIX cuando se urbaniza la zona al norte de la Alameda Primera. Aunque han pasado los años por ella, sus edificios antiguos están bien conservados y en ella aún se puede apreciar el aire señorial que tuvo.

Calle Isabel la Católica

La calle tiene una pequeña e interesante historia que contar1. En 1903 el pastor protestante Enrique de Tienda solicita al Ayuntamiento permiso para construir un edificio con capilla, escuela y vivienda en un solar de la calle para reemplazar la capilla que estaba abierta en un viejo almacén en la calle Limón. La nueva capilla fue inaugurada en 1904 y tenía cristaleras policromadas, varios bancos y un órgano. En 1937 la comunidad protestante que lo ocupaba fue desalojada y el edificio fue ocupado por la Falange hasta 1942, año en el que fue adquirido por el contratista Ceferino Damián Casanueva Fernández a sus legítmimos propietarios, la Compañía Española-Americana, domiciliada en Boston (Estados Unidos). En el edificio sólo quedaban unos bancos, que fueron donados a la iglesia de Consolación, en la calle Alta. El edificio aún existe y es el número 14 de la calle.

Edificio nº 14 de la calle Isabel la Católica

La calle recibió su nombre actual en 1866, y en 1880 el Ayuntamiento decidió prolongarla hasta la calle Concordia (actual calle Cisneros).


1 Para más información sobre este tema, recomiendo el libro "La historia de la Iglesia Evangélica de Santander", de Matilde Camus.


jueves, 13 de abril de 2017

Un poco de historia (LXI)

Semana Santa

Hace tres años publiqué un artículo con fotos que muestran cómo era la Semana Santa hace muchos años en Santander, y hace unas semanas conseguí más fotos antiguas de procesiones pero no las publiqué entonces ya que me pareció mejor publicarlas ahora, en Semana Santa.


Jesús Nazareno en la calle Alta (1995)
El Sagrado Corazón en la calle San José (1961)


La Virgen de La Esperanza en la calle San Fernando (1966)
La Virgen de La Esperanza en la calle Vargas (1963)






lunes, 10 de abril de 2017

El otro Santander (VII)

La calle La Marina

La calle que hoy nos ocupa, La Marina, es una pequeña calle cuyo nombre es desconocido por la gran mayoría. Está situada en el Casco Viejo de la ciudad y es la que une las calles Del Medio y Arrabal.


Calle La Marina

Es una de las más antiguas de la ciudad y era parte del antiguo Barrio de la Mar, formado por las calles Del Medio, Arrabal, Puntida y Arcillero (estas dos últimas desaparecieron en el incendio de 1941). Después de la Revolución de 1868 recibió su actual nombre de La Marina y se proyectó su prolongación por detrás del Parque Municipal de Bomberos y de las casas del Río de la Pila hasta la calle San Celedonio, pero dicho proyecto apenas se empezó fue suspendido y sólo quedó la actual calle La Milagrosa.



domingo, 26 de marzo de 2017

Un submarino en Gamazo

El 13 de mayo de 1918 partió del puerto de Zeebrugge (Bélgica) el submarino alemán U-56 para patrullar el Golfo de Vizcaya. Al cabo de unos días de navegación la tripulación notó que las máquinas del submarino empezaban a fallar. La avería llegó a ser tan grave que si el barco se sumergía corría el riesgo de no poder volver a la superficie. Ante estas circunstancias, y pese a que el puerto de Bilbao estaba más cerca, el comandante del submarino decidió venir al puerto de Santander porque ya lo conocía puesto que, antes de la guerra, había servido como oficial en vapores de la Compañía Hamburguesa.

Una vez en la bahía largó dos cables a la boya situada frente a Puertochico para servicio de los correos españoles. Allí quedó amarrado hasta que las autoridades de Marina subieron a bordo y fueron informadas de las averías del submarino. Entonces decidieron llevarlo al dique de Gamazo, donde quedó retenido. Como la guerra no había terminado y España era un país neutral, las leyes internacionales establecían que en estas situaciones el barco debía ser despojado de los elementos imprescindibles para la navegación y de todo el armamento que llevara a bordo. Por este motivo le quitaron la hélice, algunas piezas de los motores, escotillas y el equipo de radiotelegrafía, así como las municiones. No llevaba torpedos ya que los había disparado todos contra barcos ingleses antes de averiarse. El U-56 medía 50 metros de eslora y desplazaba 500 toneladas, tenía dos tubos lanzatorpedos y un pequeño cañón en la proa y fue construido en 1912.

Submarino U-56 en Gamazo (1918)

Ese mismo día, por la tarde, en la Comandancia de Marina el comandante, los oficiales y la marinería del submarino prestaron juramento de no evadirse, por lo que a partir de ese momento podían moverse con libertad por donde quisieran. El cónsul alemán en Santander, Herman Hoppe, corrió con los gastos del alojamiento de la tripulación en el Hotel Royal, además de comprarles ropa y todo cuanto necesitaran. Ningún miembro de la tripulación del submarino quiso hacer declaraciones a la prensa y todos ellos se lamentaban de no poder seguir tomando parte en la guerra.

Tripulación del submarino U-56

El submarino se quedó retenido en Santander hasta el final de la guerra debido a las presiones de los países beligerantes, al poco interés del gobierno español en devolver el submarino a Alemania y a que ésta ya estaba prácticamente derrotada. Una vez acabada la guerra, y según lo establecido en el armisticio, los cazatorpedos ingleses Foolish y Guiltless vinieron a Santander para hacerse cargo del submarino, que nunca más volvió a navegar. Mientras estuvo en Santander era vigilado por el destructor Bustamante y el cañonero María de Molina.

Se puede encontrar más información en:
  • Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Diario El Día (25/05/1918).
  • Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Diario La Correspondencia de España (25/05/1918).
  • Hemeroteca del diario ABC de Madrid. Revista Blanco y Negro (2/06/1918).
  • Hemeroteca del diario ABC de Madrid (31/12/1918).
  • Hemeroteca del diario La Vanguardia (26/05/1918).
  • Hemeroteca del diario La Vanguardia (27/05/1918).



martes, 14 de marzo de 2017

Un poco de historia (LX)

El cementerio de San Fernando

Una Real Cédula de 3 de abril de 1787 dictada por Carlos III prohibía enterrar en las iglesias y ordenaba la construcción de cementerios en las afueras de las ciudades por razones de salubridad y para evitar la propagación de enfermedades como el cólera y la peste. Por este motivo el Ayuntamiento aprueba en 1813 la construcción de un nuevo cementerio en las Calzadas Altas, fuera de los muros de la ciudad. Hasta entonces los enterramientos se realizaban en el pequeño cementerio que había en el convento de San Francisco, en el que había que remover los enterramientos ya existentes para hacer sitio a los que se iban produciendo. Esto hacía que salieran al aire los efluvios de la descomposición de los cuerpos enterrados.

Para la construcción del nuevo cementerio el Ayuntamiento compró unos terrenos a la condesa de Isla. Como éstos estaban cerca del convento de la Santa Cruz, de las clarisas, el cementerio se empezó llamando "de la Santa Cruz". Los primeros enterramientos tuvieron lugar en 1830. Sin embargo, el nuevo cementerio no tuvo mucha aceptación1 y se seguían produciendo enterramientos en el pequeño cementerio de San Francisco, que ya estaba saturado. Esto provocó que en 1833 el Intendente de la Provincia de Santander recordara al Ayuntamiento la prohibición de enterrar en iglesias y en el interior de las ciudades. Al año siguiente, 1834, con motivo de una epidemia de cólera, el Ayuntamiento establece que el cementerio de San Fernando sea el único lugar en el que se puedan celebrar enterramientos. En 1838 las tumbas del cementerio de San Francisco fueron trasladadas al de San Fernando.

Cementerio de San Fernando

En 1881 el Ayuntamiento encargó al arquitecto municipal Casimiro Pérez de la Riva el diseño de un nuevo cementerio más grande en Ciriego. Después de superar varios problemas de diversa índole, sobre todo con los terrenos, el 3 de septiembre de 1893, y bajo la supervisión del nuevo arquitecto municipal Joaquín Ruiz Sierra, es inaugurado el nuevo Cementerio Municipal de Ciriego.

Una vez abierto el cementerio de Ciriego el de San Fernando fue clausurado y las tumbas fueron trasladadas a Ciriego en los años 20. En los terrenos que ocupaba se construyó la Prisión Provincial, inaugurada en 1935.

Pese a que el de San Fernando era un cementerio católico, en él estuvieron enterrados los miembros de la Legión Británica2 bajo un monumento conmemorativo. El hecho de enterrar no católicos en tierra sagrada, considerado un sacrilegio por buena parte de la sociedad de la época, fue uno de los motivos por los que se decidió la construcción de un cementerio para protestantes. Tanto el monumento como los enterramientos fueron trasladados al Cementerio Protestante situado en la calle Cardenal Herrera Oria cuando éste fue inaugurado en 1864.

Una curiosidad: una vez derribado el cementerio de San Fernando muchas piedras de las tumbas fueron empleadas para hacer los bordillos en algunas calles, por lo que era posible ver algunos de los nombres de quienes ocuparon dichas tumbas.


1 En esa época existía la creencia popular de que un cementerio que no estuviera junto a una iglesia no podía considerarse un lugar sagrado y, por lo tanto, en él no se podía recibir cristiana sepultura.
2 La Legión Británica fue un cuerpo militar de voluntarios formado en 1835 por Gran Bretaña atendiendo a una petición de la Reina regente española María Cristina de Borbón para que proporcionara apoyo a las tropas liberales en la Primera Guerra Carlista.




miércoles, 8 de marzo de 2017

Refugios antiaéreos (VIII)

Hace unas semanas Carmen Toraya, una seguidora del blog, me mandó un correo en el que me hablaba de unos refugios antiaéreos que estaban en el talud cercano al barrio de la Peña del Cuervo, junto a las vías de RENFE. En el correo me cuenta que recuerda que de pequeña ella y sus amigos iban a jugar a los refugios. También me cuenta que en uno de los bombardeos sobre Santander algunas personas, entre ellas un familiar suyo, murieron porque no les dio tiempo de llegar a estos refugios.



En el lugar en el que Carmen dice que estaban los refugios hay árboles y mucha maleza y matorrales, por lo que si dichos refugios aún existen están totalmente cubiertos y no se ven, además la ladera es muy peligrosa y no es recomendable bajar por ella sin el equipo adecuado. El lugar está situado a la altura de un pequeño parque infantil que está casi al inicio del camino que parte de la calle Justicia y va hasta la calle Jerónimo Sainz de la Maza.

He tratado de obtener más información sobre estos refugios pero no he podido averiguar nada. Aprovecho la ocasión para agradecer públicamente a Carmen su aportación al blog.



lunes, 27 de febrero de 2017

Un poco de historia (LIX)

La calle Cádiz

Desde tiempos muy antiguos existía en esa zona una muralla que defendía la antigua villa de Santander de los ataques por mar. Esa muralla seguía la línea de la costa desde el Castillo de San Felipe hasta, aproximadamente, la Peña del Cuervo. En ese lugar había un pequeño embarcadero, llamado El Dueso, que utilizaban los mareantes del Cabildo de Arriba. A mediados del siglo XIX se comienza a rellenar esa zona lo que permitió, entre otras cosas, la construcción de la plaza de las Navas de Tolosa y de la Estación del Norte, así como la apertura de la Rampa de Sotileza. Aun así, a finales del siglo XIX la calle Cádiz no era más que una calleja con un trazado irregular que discurría, paralela a la calle Méndez Núñez, desde los bajos del Palacio Episcopal hasta la plaza de las Navas de Tolosa. En 1896 ya aparece con el nombre de Cádiz en el callejero de la ciudad, y en 1900 se pide oficialmente "la apertura de la calle Cádiz". 

Palacio Episcopal en la calle Cádiz (1935)

La calle, debido a la alineación de las calles Méndez Núñez y Calderón de la Barca y al Palacio Episcopal adosado al claustro de la Catedral, tenía una entrada muy estrecha y lóbrega desde la dársena, cuyo relleno estaba muy avanzado. Desde el Palacio Episcopal hasta la Rampa de Sotileza era una calleja sin pavimentar y que apenas recibía la luz del sol debido al paredón que suponía la parte de atrás de la Rúa Mayor y los edificios de la calle Méndez Núñez. A partir de la plaza de las Navas de Tolosa parecía más un camino rural que pasaba junto a los Talleres Corcho, las vías de la Estación del Norte y se perdía al pie de la Peña del Cuervo.


Número 20 de la calle Cádiz (1941)
Calle Cádiz (1941)

En las reformas que sufrió la ciudad en 1941 la calle adquiere su alineación actual y gana en amplitud. La calle Cádiz ha pasado tristemente a la historia de Santander ya que en el edificio del portal número 20 se inició el incendio de febrero de 1941. En octubre de 2014 fue inaugurada la peatonalización del tramo comprendido entre la calle Lealtad y la avenida de Alfonso XIII; sin embargo, el resto de la calle está necesitado de una reforma desde hace tiempo.

Trolebús en la calle Cádiz (años 60-70)

La calle Cádiz también fue de donde salían los trolebuses y los autobuses que unían Santander y El Astillero.




lunes, 20 de febrero de 2017

El otro Santander (VI)

La calle Limón

A poco más de cien metros del Ayuntamiento se encuentra la calle Limón, una de las más antiguas de Santander y también una de las más desconocidas. Fue arreglada en la última reforma que se hizo hace unos años al Cabildo de Arriba, por lo que se encuentra en buen estado. Tiene aceras de losas de piedra y calzada de grandes adoquines. Comunica las calles Cuesta del Hospital y Garmendia y está abierta al tráfico. Desconozco el origen del nombre de Limón.





domingo, 5 de febrero de 2017

Refugios antiaéreos (VII)

Hace unos dos meses Pilar, una seguidora del blog, me mandó un correo diciendo que en la calleja de Arna, como popularmente se conoce a la calle Francisco Palazuelos, se pueden ver las entradas de tres refugios antiaéreos de los que desconocía su existencia. Se encuentran en el muro que rodea el Hospital de Santa Clotilde, frente al edificio con los portales números 26 a 30.





Desde que Pilar me escribió he estado intentando buscar información sobre ellos pero no he encontrado nada, por lo que he decidido publicar el artículo con las fotos.



martes, 31 de enero de 2017

Nuevo canal en Telegram

Quiero deciros que acabo de crear un canal en Telegram, la aplicación de mensajería, para que, quien quiera suscribirse, esté al tanto de las novedades en el blog, reciba artículos, etc. Para ello debéis tener instalada la aplicación en el móvil, la tableta o el PC y ejecutar el siguiente vínculo: telegram.me/escenasdesantander. El alias del canal es: @escenasdesantander.

Aprovecho para recordaros que también podéis suscribiros al blog para recibir en vuestro correo electrónico los nuevos artículos. No tenéis más que rellenar el formulario que está a continuación del formulario de contacto.

Muchas gracias a todos, suscriptores o no, por seguir mi blog y por vuestros comentarios y correos.


La tierra paralela

Todos la conocemos. Es la bola del mundo que está en los Jardines de Piquío. Es una esfera de piedra, de una sola pieza, que tiene representados los continentes, los océanos, líneas de referencia (el ecuador, los trópicos de Cáncer y Capricornio, los círculos polares Ártico y Antártico y meridianos con una separación de 15º) y la línea de la eclíptica (con los símbolos zodiacales sobre ella). En el ecuador están grabadas las horas en números romanos en dos series de I a XII cada 15º. La parte correspondiente a los continentes está pulida y pintada de dorado, mientras que la parte correspondiente a los océanos está abujardada (tiene pequeños hoyuelos). El ecuador está representado por una franja azul.


Sin embargo, lo importante e interesante de esta esfera es su posición. La orientación de su eje norte-sur se corresponde exactamente con la orientación norte-sur del eje de la Tierra. Además está puesta de tal modo que en su parte superior está representado el lugar en el que se encuentra situada. Es decir, Santander está en la parte superior de la esfera. Estas dos condiciones hacen que el eje de la bola del mundo sea totalmente paralelo al eje de la Tierra, de modo que tanto esta bola del mundo como la Tierra siempre tienen la misma orientación en el espacio.

Esto permite que durante el día la bola del mundo reciba la misma luz solar que la Tierra, de tal modo que cuando en la Tierra es de día en un lugar determinado, en la bola del mundo también lo es en el mismo lugar; lo mismo ocurre con la noche. Cuando el sol avanza por la zona que representa España en la bola del mundo, por ejemplo, en la Tierra el sol está avanzando por el mismo sitio.


La bola del mundo también es un reloj solar, en este caso un reloj solar esférico, en el que la hora la marca el denominado "terminador" (la frontera entre la zona iluminada y la zona sombreada) sobre las zonas horarias marcadas en el ecuador. Al ser un reloj solar marca la hora solar: una hora menos en invierno y dos horas menos en verano.

A todo esto hay que añadir que la bola del mundo está sobre un mosaico que representa una rosa de los vientos orientada al norte magnético, por lo que su orientación difiere ligeramente del eje de la bola del mundo.

La bola del mundo fue diseñada por Eugenio Cortiguera, diseñador y aviador, y construida por el escultor y cantero Saturnino Merodio. No se sabe exactamente en qué fecha, pero se piensa que es de la misma época que la construcción de los Jardines de Piquío, hacia 1925. Su colocación fue un proceso muy complejo y minucioso debido a la precisión con la que debía ser orientada. También se tuvo en cuenta dónde fue colocada, ya que en su ubicación no hay árboles que le den sombra y la pérgola está al norte, por lo que nunca proyectará su sombra sobre ella.

Aunque se encuentra en un relativo buen estado, la parte que representa África y Europa necesita una restauración pues ha perdido el color.


martes, 24 de enero de 2017

El otro Santander (V)

La calle Juan de Garay

La calle que hoy nos ocupa es una calle un tanto peculiar, pues está dividida en dos tramos que no se comunican entre sí, pues tienen distintos accesos, y además están a distinto nivel. La calle Juan de Garay1 es una pequeña transversal situada al inicio de la calle Alcázar de Toledo, a la izquierda. Es más bien un callejón que termina en muro que tiene un portón.

La calle Juan de Garay desde la calle Alcázar de Toledo

El otro tramo de la calle es accesible desde la calle Fernández de Isla. Es un pequeño espacio triangular en el que hay un portal y dos locales comerciales.

La calle Juan de Garay desde la calle Fernández de Isla

Los dos tramos de la calle están separados por el aparcamiento trasero de la antigua fábrica de Altadis de la calle Alta.

1 Juan de Garay y Rada de Otañes (1586-1650) fue un importante militar en tiempos de Felipe IV. Mandó los ejércitos de Extremadura, Guipúzcoa y Cataluña. Ocupó diversos e importantes cargos. Entre otros, en 1640 fue nombrado Gobernador General del Rosellón, en 1645 fue nombrado Gobernador de Fuenterrabía y General de las Armas de Cantabria y en 1648 el Consejo de Aragón le nombró Virrey y Capitán General de Cataluña, puesto que ocupó hasta su muerte. Poco antes Felipe IV le distinguió con el título de Marqués de Villarrubia de Langre. En el altar mayor de la iglesia de San Julián, en Santullán, Castro Urdiales, hay un monumento funerario de Juan de Garay.




martes, 17 de enero de 2017

Un poco de historia (LVIII)

La calle Lealtad

Ya en el plano de Santander que trazó el canónigo Zuyer en la primera mitad del siglo XVII aparece una calle que comunica las de San Francisco y Atarazanas. En el año 1814 ya se la cita oficialmente como la "callejuela desde Remedios a Atarazanas", y en 1845 recibe el nombre de "Lealtad" en homenaje al título concedido por el rey Enrique IV de Castilla en 1467 cuando la entonces villa de Santander permaneció fiel a la Corona en lugar de dejarse dominar por las huestes del Marqués de Santillana.

A principios del siglo XIX la calle ya era considerada una de las calles que por su situación y orientación sería una arteria urbana fundamental en el desplazamiento de gente y carros por la ciudad. En 1888 se iniciaron las obras de su ensanche, obras que se vieron ralentizadas debido a la antigüedad de las casas, de pobre construcción y de más de dos siglos algunas de ellas y, sobre todo, debido a la existencia de dos casas tapón, una de ellas cerca del callejón Pascual1 y la otra en la esquina con la calle San Francisco. La primera de ellas fue derribada durante la Primera Guerra Mundial, mientras que la otra fue derribada en 1936 por orden del alcalde Ernesto Castillo Bordenabe "el piqueta".

Casa tapón en la calle Lealtad (1930)

En el incendio de 1941 la calle Lealtad fue pasto de las llamas. Sólo se salvó el edificio situado en la esquina con la calle Atarazanas en cuyos bajos estaba la recordada Ferretería Ubierna. Ese edificio había sido construido unos años antes con estructura de hormigón, por lo que no ardió, sólo sufrió pequeños daños. Debido a que fue el único edifico que se salvó en esa zona, mucha gente le llamó "la diosa del fuego".

Calle Lealtad (1941)
Calle Lealtad (1941)

Reconstrucción de la calle Lealtad (1941)

Cuando en la reconstrucción de la ciudad se realizó el desmonte del cerro de Somorrostro, las calles Isabel II y Lealtad fueron prolongadas hasta la calle Calderón de la Barca. En los años 70 se construyó un edificio comercial en la esquina con la calle Cádiz y la cadena americana Woolworth instaló en él uno de sus grandes almacenes. Eran unos almacenes que vendían a precios populares, siendo la principal competencia de Simago y Pérez del Molino en esa época. Unos años después de ser terminado el edificio y de abrir la tienda, se añadieron tres plantas más que no se pudieron acabar por problemas urbanísticos con el Obispado. Estos almacenes también son muy recordados por sus escaleras mecánicas, las primeras que hubo en Santander. Woolworth Española, S.A., que también tenía tiendas en Madrid, Palma de Mallorca, Córdoba, Málaga, Granada y Alicante, cerró en 1980 por problemas económicos pues, salvo los tres primeros años, siempre tuvo pérdidas. Después el edificio estuvo ocupado por los Almacenes Lealtad, propiedad de Ribalaygua, y que eran, básicamente, una continuación de Woolworth. Actualmente el edificio lo ocupa una conocida marca de ropa y las últimas plantas están ocupadas por oficinas.

Calle Lealtad (años 50)
Calle Lealtad (1967)


Calle Lealtad (años 70)
Calle Lealtad (años 70)


En 2013 fue peatonalizado el tramo comprendido entre la avenida de Calvo Sotelo y la calle Cádiz, mientras que el tramo comprendido entre las calles Cádiz y Calderón de la Barca sólo fue semipeatonalizado. También se peatonalizó la calle Emilio Pino. Esto ha dado un nuevo aire a la calle, que está más animada.


1 El callejón Pascual era una pequeña calle sin salida con entrada por la calle Lealtad. A él daban las trastiendas de los comercios de las calles San Francisco y Del Peso. Desapareció en el incendio de 1941.



sábado, 14 de enero de 2017

Santander nevado

Que el tiempo está cambiando es un hecho evidente que sólo unos pocos niegan. Otoños e inviernos más cálidos, menos lluvias pero más fuertes y seguidas, etc. Hace unos años nadie se hubiera creído que en diciembre estuvimos algunos días a 20 ºC y que incluso había gente tomando el sol. Tampoco nadie se hubiera creído que en Cantabria llegaría a haber problemas de falta de agua debido a largos períodos sin lluvias. Sin ir más lejos, en Alto Campoo no han podido empezar la temporada de esquí a tiempo por falta de nieve.

Antes de que el tiempo empezara a cambiar, que en invierno nevara en Santander era algo habitual. Todos los inviernos la ciudad se ponía blanca durante unos días. Algunas de estas nevadas han pasado a la pequeña historia de la ciudad, como la que cayó los últimos días de diciembre de 1884, que dejó la ciudad totalmente cubierta de blanco.


Puertochico (1884)
El Sardinero (1884)


1941 empezó con una ola de frío que se despidió con una gran nevada el día 11 de enero, con espesores de hasta 20 cm de nieve en algunos puntos de la ciudad. Otra nevada importante tuvo lugar unos años después, entre el 21 y el 24 de febrero de 1944, alcanzando la nieve los 10 cm de espesor.



Calle Lealtad (1941)

Avenida de Reina Victoria y La Magdalena (1944)


En febrero de 1954 se produce una de las mayores nevadas registradas en Cantabria en los últimos 150 años. El día 1 la ciudad amaneció totalmente cubierta de blanco. Estuvo nevando con fuerza los días 1 y 2, y más debilmente los días 3, 4 y 5, alcanzando la nieve espesores de 20 cm.


Jardines de Piquío (años 50)


Los años siguientes se siguen repitiendo las nevadas más o menos fuertes. Por ejemplo, el día de Navidad de 1962 la ciudad amaneció totalmente cubierta de nieve y registró la que es, tal vez, la temperatura más baja registrada en Santander en un mes de diciembre: -2,8 ºC. Por lo general las nevedas siempre han sido entre diciembre y febrero, pero en 1964 nevó intensamente los días 7, 8 y 9 de marzo. En febrero de 1983 estuvo nevando en toda la región, Santander incluida, a partir del día 8 y durante casi una semana, aunque en Santander lo hacía a intervalos, por lo que la ciudad se vio poco afectada.


Parque del Dr. Morales (1983)


En enero de 1985 cayó la que, sin duda, es la nevada más recordada en Santander por ser, además de por su intensidad, la última que ha caído en la ciudad. El día 15 Santander amaneció ya cubierta de blanco y la nieve caía con tal intensidad que los Servicios Municipales tuvieron que echar sal en las principales calles de la ciudad, especialmente en el centro, para facilitar el tráfico de vehículos y personas. Aún así la ciudad se colapsó y el transporte público quedó paralizado. Se produjeron algunos accidentes y las calles de la ciudad, sobre todo las cuestas, se convirtieron en pistas de esquí, pues mucha gente sacó a la calle esquís y trineos.




Calle Guevara (1985)
Paseo de Menéndez Pelayo (1985)


Calle San Fernando (1985)
Plaza de Farolas (1985)


Plaza del Generalísimo1 (1985)
Autobús municipal que se salió de la calzada (1985)


En 1987 también nevó, pero con tan poca intensidad que no llegó a cuajar. Desde entonces han caído copos de nieve de forma esporádica, pero ya no cuajan al no hacer tanto frío. Las últimas veces que se ha visto la ciudad cubierta de blanco ha sido por alguna granizada, pero no por nieve.


1 Ese era el nombre que aún tenía en 1985 la actual Plaza del Ayuntamiento. El nombre actual lo recibió en 2001.