miércoles, 20 de septiembre de 2017

Arte en las fachadas (II)

Continuando nuestro paseo por las calles de Santander en busca de más arte urbano, podemos encontrarnos las siguientes obras:



Calles Río de la Pila y Tantín
(Autor: Colectivo BYG)


Calle El Lábaro
(Autores: Den_XL & Jank)


Calle Tetuán
(Autora: Marina Capdevila)
Calle San Sebastián
(Autor: Daniel Muñoz "SAN")

Quiero agradecer públicamente a Manuel Nieto su aportación al blog por enviarme la foto del mural de la calle Tetuán, de la que es el autor.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

El Graf Zeppelin sobrevuela Santander

El LZ 127 Graf Zeppelin fue un dirigible alemán construido por Ferdinand von Zeppelin. Medía 236 metros de largo y 30,5 metros de diámetro, tenía 5 motores Maybach de 550 CV cada uno, una tripulación de 40 personas y capacidad para 20 pasajeros. Alcanzaba una velocidad máxima de 128 Km/h. Voló por primera vez en 1928 y fue retirado del servicio en 1937. En esos años de servicio realizó varios viajes por todo el mundo, sobre todo a Sudamérica, transportando pasajeros, carga y correo en líneas regulares. También fue la primera aeronave de pasajeros en dar la vuelta al mundo, en 1929, y este hecho es el que está relacionado con Santander.


Dirigible LZ 127 Graf Zeppelin
(La foto no está tomada en Santander)


El 15 de agosto de 1929 el Graf Zeppelin partía de Friedichshafen (Alemania) con la intención de dar la vuelta al mundo. Comandado por el capitán Hugo Eckener, el dirigible partió hacia el este, sobrevolando los montes Urales y Rusia, hasta Siberia. De allí pasó a Japón, donde hizo escala en Tokio. Después cruzó el oceáno Pacífico y llegó a San Francisco. En Los Ángeles hizo otra escala y cruzó Estados Unidos hasta Lakehurst, en Nueva Jersey, donde hizo otra escala. Siguió a Nueva York y cruzó el oceáno Atlántico hacia Finisterre para volver a Alemania. En total tardó 21 días de vuelo y recorrió unos 34.000 kilómetros.

Al ser un viaje promocional fueron invitados a bordo periodistas y autoridades de diversos países. Las plazas que quedaron libres fueron para un grupo de privilegiados pasajeros que pudieron permitirse pagar los 7.000 dólares de la época que costaba el pasaje. Uno de esos afortunados pasajeros fue el médico español Jerónimo Megías (1880-1932). Como el doctor Megías era médico personal del rey Alfonso XIII, durante toda la travesía el rey estuvo en contacto, mediante radiotelegramas, tanto con el doctor Megías como con la tripulación interesándose por el viaje. En el viaje de regreso, al dejar atrás Finisterre el capitán Eckener se dirigió a Santander para sobrevolar la ciudad y La Magdalena en señal de saludo y agradecimiento al rey por su interés en el viaje.

Me ha parecido interesante contar esta pequeña historia muy poco conocida y, aunque esto ocurrió hace 88 años, puede ser que aún haya gente mayor que recuerde haber visto el dirigible. La documentación sobre este tema es prácticamente inexistente y lo poco que he encontrado ha sido casi de casualidad. Lo que no he encontrado han sido fotos del dirigible sobre Santander, si es que las hay.

Bibliografía empleada:



martes, 29 de agosto de 2017

Anuncio del ferry con Inglaterra

En el último artículo, en el que hablaba de las líneas regulares de pasaje que partían del puerto de Santander hacia los principales puertos de América, comentaba que la única línea regular de pasaje que existe en la actualidad en el puerto de Santander es la de Brittany Ferries, que une Santander con Plymouth y Portsmouth.

Pues bien, como complemento a dicho artículo y a uno anterior que publiqué hace tres años sobre el aniversario de la línea con Inglaterra, Ángela, una seguidora del blog, me ha enviado por correo electrónico un interesante anuncio de la línea Santander-Southampton-Santander (publicado en el diario ABC el 17 de abril de 1974), que cubría el ferry "Monte Toledo", y una foto de su gemelo "Monte Granada" en la bahía de Santander. El "Monte Granada" cubría la línea Santander-Ámsterdam-Santander. Ambos barcos pertenecían a la naviera Aznar.




Desde aquí quiero agradecer públicamente a Ángela su aportación al blog. Ella se disculpa por la calidad de la foto, pero aún así he decidido publicarla para que todos podáis disfrutarla.


viernes, 25 de agosto de 2017

Un poco de historia (LXVI)

Si los muelles hablaran...

Los muelles del puerto de Santander siempre han sido lugares de rebosante actividad, pues siempre había barcos atracados cargando y descargando mercancías, carros y trenes llevando mercancías de un punto a otro, almacenes repletos de cajas y sacos, montañas de mercancía a granel, etc., etc. No hay más que ver fotos antiguas, y no tan antiguas, para darse cuenta de ello.

Muelle de Calderón (1966)

Entraban y salían barcos procedentes de casi todos los rincones del mundo, grandes cargueros que hacían rutas transoceánicas y pequeños barcos de cabotaje. A vela y a vapor, de madera y de acero, por el puerto y sus muelles han pasado casi todos los tipos de barco existentes. A esto había que añadir el gran número de oficinas de navieras, consignatarios, aseguradoras, importadores y exportadores, etc., que tenían su sede en el paseo de Pereda y sus alrededores.


Muelle de Maliaño (1890)

Muelle de Maliaño (años 80)

A partir de mediados del siglo XIX, la creación del barco a vapor dio a todo este comercio un gran impulso, pues la travesía del Atlántico ahora se podía hacer en unos días, en lugar de las semanas que tardaba un barco a vela, ya que los barcos dejaban de depender del viento y las corrientes. Los barcos empezaron a construirse en acero y su tamaño aumentó, pues las máquinas de vapor eran cada vez más potentes y los barcos podían transportar más carga. La reducción del tiempo del viaje trajo consigo la aparición de los barcos de pasaje, pues cada vez era más gente la que quería cruzar el Atlántico en busca de fortuna, aunque, sobre todo en el siglo XX, mucha gente también tuvo que hacerlo por motivos políticos. Con ello surgieron las líneas regulares de pasaje a los principales puertos de América: Nueva York, San Juan, La Habana, Veracruz, Montevideo, Buenos Aires, etc.



Con el tiempo, muchos de los barcos que hacían escala en Santander llegaron a ser muy conocidos y, nada más ver su silueta, o escuchar su sirena, mucha gente les ponía nombre, tanto al barco como al capitán, y sabían de dónde venía y qué mercancía traía.


Fueron muchas las navieras que tenían oficinas en Santander, siendo dos de las más recordadas la Compañía Transatlántica, sucesora de la Compañía de Vapores de A. López, y la Holland-America Line. Entre los barcos, destacan los vapores "Alfonso XII", "Alfonso XIII", "Reina María Cristina" y "Cristóbal Colón", y la motonave "Covadonga".

La irrupción de los vuelos transoceánicos a finales de los años cincuenta puso fin a los viajes en barco y a la desaparición de las líneas regulares de pasajeros.

Vapor "Reina María Cristina"

Vapor "Cristóbal Colón"
Vapor "Alfonso XIII"
Transatlántico "Siboney"
Vapor "Veendam"
Motonave "Covadonga"

Actualmente, la única línea regular de pasajeros que existe en Santander es la de Brittany Ferries, que une Santander con Plymouth y Portsmouth y cuyos barcos atracan en el muelle de Maliaño, junto a la Estación Marítima. La actividad mercantil del puerto se desarrolla en los muelles de Raos, lejos de la ciudad.


Un poco de historia (LXV). El suministro de agua a Santander (II)



lunes, 14 de agosto de 2017

Arte en las fachadas (I)

Si os dais un paseo por las calles de Santander veréis cómo, desde hace pocos años, algunas fachadas de la ciudad están siendo usadas como lienzos para que distintos artistas plasmen sus obras en ellas. De algunas de estas obras ya he hablado en el blog. Son la realizada en la calle Alta, cerca del Parlamento Regional, en la que podemos ver la versión que el dibujante José Ramón Sánchez hace de la novela Sotileza, de José María de Pereda; la pintada en la calle Santa Lucía número 23, obra de los alumnos de los Talleres Municipales, en la que podemos ver una magnífica reproducción del famoso grabado de Braun, que muestra cómo era Santander en el siglo XVI; y, por último, en dos fachadas de la calle Sevilla podemos ver los retratos de grandes escritores: José María de Pereda, Marcelino Menéndez Pelayo, José Hierro, Manuel Llano, Benito Pérez Galdós, Concha Espina...

Pues bien, a las ya citadas se suman las siguientes, que podemos ver en distintos lugares de la ciudad. Es de esperar que se vayan sumando más y que, en lugar de vulgares pintadas, podamos ver bonitos cuadros pintados en las fachadas que ayuden a hacer una ciudad más alegre, animada, bonita...


Calle Castilla
(Autor: Okuda)

Paseo del General Dávila
(Autores: Okuda y Serzo)


Paseo de Menéndez Pelayo
(Autor: Pixel Pancho)

Calle Cisneros
(Autor: Hyuro)

Calle Los Aguayos
(Autor: Dulk)
Calle Río de la Pila
(Autores: Okuda y Spok Brillor)

Calle La Universidad
(Autor: Millo)
Calle Peña Herbosa
(Autor: Colectivo "Boa Mistura")

Respecto a la fachada de la calle Peña Herbosa hay que decir que dentro de poco quedará totalmente tapada por el edificio que están construyendo en el solar adjunto, lo que es una pena.

miércoles, 26 de julio de 2017

Un poco de historia (LXV)

El suministro de agua a Santander (II)

En 1875 el francés M. Petitpierre elaboró un estudio para traer agua a Santander del río Pisueña. El estudio incluía la construcción de dos grandes depósitos de agua, uno en las Calzadas Altas y otro en el Alta. Este estudio calculaba "un caudal de tres mil ochocientos litros en una presión de 143 pies, cantidad suficiente para una población de cincuenta mil habitantes", y tenía un presupuesto de seis millones de reales. Aunque el proyecto de Petitpierre fue mandado ejecutar, al año siguiente se cambia de criterio, ya que la idea era traer el agua del río Pas. El Gobierno manda al ingeniero Ángel Mayo que venga a Santander a comprobar los estudios de Petitpierre. Dos años después, 1877, la prensa inglesa publica el proyecto de traída de aguas a Santander, aprobado por el Gobierno. Sin embargo, el expediente sufrió muchos retrasos.

Los estudios de Ángel Mayo llevaron a Antonio de la Dehesa a formar una empresa que hizo otro proyecto de traída de aguas a Santander desde el río Pisueña. En 1877 se acepta el proyecto y en 1882 se inauguran las obras. El proyecto ascendía a 15.132.311 reales y concedía al Ayuntamiento la captación de las aguas en La Molina, en el valle de Toranzo. Santander, por fin, podía contar ya con un abastecimiento suficiente de agua que se iría incrementando a medida que las necesidades de la población lo requirieran. La empresa estableció su sede en un edificio construido en Pronillo en 1884, donde también construyó un depósito con una capacidad de 16.000 m3 y que aún sigue en uso.


Sede de la traída de aguas a Santander en Pronillo

La inauguración oficial de la traída de aguas a Santander tuvo lugar el 28 de diciembre de 1884. Para conmemorar el acontecimiento se decidió levantar un monumento en la Alameda Segunda consistente en un gran surtidor situado en lo alto de la escalinata ya existente en la Alameda. Dicho surtidor vertía sus aguas por la escalinata y éstas eran recogidas en un estanque. A ambos lados había otros surtidores más pequeños. Además, se celebró una gran fiesta.

 Grabado que recoge la inauguración de la traída de aguas a Santander

Una vez concluída la traída de aguas, quedaba la segunda fase: el suministro doméstico. La empresa había establecido algunas fuentes de uso público y gratuito, suprimiendo las fuentes provisionales y las que manaban de forma natural, lo que dio lugar a protestas de los vecinos, sobre todo en los barrios más alejados, ya que se quejaban de las malas condiciones en que dichas fuentes gratuitas se habían instalado y del escaso caudal de agua que proporcionaban, lo que originaba discusiones y riñas entre la gente que hacía cola en dichas fuentes. La empresa tenía que instalar las siguientes fuentes: una de dos grifos en Molnedo, una de dos grifos entre las calles Río de la Pila y San Celedonio, una de un grifo a la entrada de la calle San Sebastián, una de un grifo en el barrio de La Florida, y una de dos grifos en el cruce de las calles De las Ánimas y Calzadas Altas. La empresa calculaba que cada grifo suministraría diariamente un caudal de 2.500 herradas1.

Sin embargo, era tal el descontento en la población por el poco caudal de las fuentes, su escaso número y su ubicación, que en un acta municipal de febrero de 1886 se puede leer: "[...] Como no suministraban el agua necesaria, se dió lugar a la impaciencia de las gentes que necesitaban un largo tiempo para ver una herrada llena, siendo causa este retraso de la aglomeración de gentes en cada fuente de las gratuitas. Todas estas circunstancias dieron lugar a la agitación que empezó a manifestarse en la noche del día 16, en los alrededores del Río de la Pila, y tomó tal incremento que el teniente de alcalde, don Mario López Mazón, acompañado del concejal don Antonio Vázquez, se personaron en aquel sitio, exhortando a las masas a que conservasen una actitud pacífica y respetuosa, pues que, para atender a sus reclamaciones, se pasaba aviso al representante de la empresa para que restableciera inmediatamente la fuente provisional gratuita en el sitio que debía subsistir [...]".

Pero en las dependencias de la empresa no había nadie que pudiera atender las demandas de la gente, cuyas protestan y agitación iban en aumento. Para evitar males mayores, el representante del Ayuntamiento ordenó abrir la antigua fuente del Río de la Pila. El acta municipal continúa diciendo: "[...] Pero enfurecidas las gentes empezaron a destruir la caseta levantada por la empresa para la instalación de la fuente de pago. Generalizado el tumulto y habiéndose dirigido las turbas a los demás sitios en que la empresa tenía establecidas casetas, las autoridades procuraron mantener a aquellas masas tumultuarias, viéndose igualmente el alcalde y concejales luchar a brazo partido para evitar el desorden y atropello, exponiéndose personalmente y de una manera positiva, puesto que algunos fueron lesionados en medio de aquella perturbación que tenía el carácter de un verdadero motín [...]".

Ya entrado el siglo XX se siguieron produciendo manifestaciones y protestas, aunque su intensidad decrecía a medida que la empresa iba extendiendo el servicio por la ciudad gracias a la captación de nuevos manantiales, al tendido de nuevas conducciones y a la llegada del agua a los domicilios. De este modo llegó el momento en que se consideró innecesaria la existencia de fuentes públicas alimentadas por manantiales naturales en la ciudad, por lo que éstas fueron clausuradas. Con ello también desaparecieron las filas de mujeres en las fuentes cargando agua a la voz de "tras de una herrada, un botijo".

En la actualidad, desde el 1 de abril de 2006, el Servicio Municipal de Aguas y Saneamiento de Santander está gestionado íntegramente por la empresa Aqualia. Para el suministro de agua a la ciudad el Servicio cuenta con una red de distribución de unos 350 Km de conducciones de distintos diámetros y materiales y seis depósitos, cinco de ellos están situados en el paseo del General Dávila (Pronillo, MacMahon, La Atalaya, El Avellano y Arna) y el sexto está en Cueto, en la calle Bellavista.

Para escribir estos dos artículos he utilizado como documentación el libro "Santander. Biografía de una ciudad", capítulo X, de José Simón Cabarga. Centro de Estudios Montañeses (1954).


1 La herrada es un cubo de madera, más ancho por la base que por la boca, con grandes aros de hierros o latón.



Un poco de historia (LXVI). Si los muelles hablaran...
Un poco de historia (LXIV). El suministro de agua a Santander (I)



miércoles, 19 de julio de 2017

Un poco de historia (LXIV)

El suministro de agua a Santander (I)


Cuando en el siglo XVIII Santander se convierte en ciudad dentro de las murallas sólo había una fuente, la de Santa Clara. Fuera de las murallas, en cambio, estaban las fuentes del Río de la Pila, Becedo, o de San Francisco, y el Cubo, aunque más que fuentes eran simples manantiales. En aquel entonces la gente tenía la costumbre de limpiar el pescado y las hortalizas en las fuentes, así como de lavarse los pies, lavar la ropa de los enfermos, dar de beber al ganado y otros actos que obligaron a tomar medidas urgentes para desterrarlos.

En 1757 se pusieron caños a las fuentes del Río de la Pila y de Becedo, y en 1771 se hizo una derivación en la fuente de Santa Clara para instalar otra fuente en la Plaza Vieja, a la que se llamó "La Giralda". El problema del agua potable continuó, y en 1804 se descubre el manantial de Perines, en el que se instala una fuente junto al Camino Real, y la fuente de La Giralda es trasladada junto al puente de La Ribera. Acabada la Guerra de Independencia, se descubre un nuevo manantial en Becedo que acabó suministrando agua a la fuente que había en la Alameda Primera. En Molnedo había un manantial que alimentaba la aguada de los buques y un lavadero de diez caños.

En 1837 el regidor Sánchez Porrúa presenta una proposición que recogía las necesidades de la población: "Los barrios del Muelle Nuevo y Viejo, la Plaza Nueva, la Puntida, el Arcillero, la calle de la Mar, Santa Lucía, San Simón y demás de toda la parte de la ciudad desde la calle de la Blanca y la Compañía al Este, que toca la mitad del vecindario, carecen de aguas puras para el uso de sus vecinos". Más adelante, añadía: "Si en Santander existen pocas y bien distribuidas fuentes, su forma y aspecto, además de ofender a las reglas del buen gusto luchan con la comodidad de las personas que acarrean a sus moradas las aguas de uso diario. Hace un año que se emplearon gruesas sumas en la construcción de fuentes que, sobre serlo en el nombre únicamente, ofenden, injurian y dan una triste idea de la población. Hace pocos meses que se han establecido otras dos dignas más bien que de aquel nombre, el de mausoleos o cenotafios. Están como en un sótano o caverna". Además, Sánchez Porrúa pedía la creación de una plaza de fontanero municipal "bien dotada sobre el supuesto de escasear los profesores de esta arte, que pudiera venir de Barcelona o Madrid".

El elegido fue Ángel Zavaleta, quien en 1838 presenta un estudio en el que desecha la disposición de las fuentes que en ese momento había en Santander por no ser apropiadas y porque el agua que manaba de ellas contenía sales térreas ya que la captación de aguas era prácticamente superficial. En 1846 las fuentes que había en Santander eran las del Peso, del Río de la Pila, del Río Nuevo, la Alameda, Cañadío, Santa Clara y el Puente, el Cubo y Molnedo, insuficientes para la ciudad ya que se calculaba que se necesitaba el doble del caudal proporcionado por todas ellas. En 1850 el ingeniero Calixto de Santa Cruz presentó un estudio en el que proponía conducir el máximo de agua desde Molnedo a la ciudad, reemplazar las cañerías existentes por otras de hierro colado, abrir pozos y galerías en donde brotaban los manantiales que surtían las fuentes del Río de la Pila y del Matadero y el llamado Río Nuevo, levantar las fuentes del nivel en que se hallaban, construir dos lavaderos y establecer depósitos para incendios y fuentes y abrevaderos en los límites de la ciudad.

Fuente en el Río de la Pila (1900)

Este estudio es tomado en consideración y se adjudica un presupuesto de 90.000 reales para su realización. Entre las obras realizadas estaba la instalación de una fuente en la plaza de la Aduana surtida con aguas del manantial del Río de la Pila. Sin embargo, el arquitecto que la diseñó no tenía nada de artista y la fuente pasó a engrosar la lista de horrores que unos años antes había denunciado Sánchez Porrúa. Esta fuente enseguida fue bautizada como la "fuente del monstruo".


Fuente en la plaza de la Aduana (1900)


El proyecto de Santa Cruz se quedó pequeño ya que en 1863 se recurre al ingeniero de minas José Navarro, a quien se encargó un estudio sobre la posibilidad de abrir nuevos manantiales o de practicar pozos artesianos. En su informe, entre otras cosas, Navarro dice lo siguiente: "[...] El terreno en que yace la ciudad es de sedimento, es decir, compuesto de capas o estratos; éstos son calizas y areniscas deduciendo que debajo deberían hallarse las capas de margas y arcillas, etc., que constituyen dicho terreno; existen, pues, capas permeables que son las calizas por sus grietamientos y hendiduras y las areniscas; debe haber también capas impermeables, pues las fuentes hoy existentes nos prueban su existencia, sin las cuales aquéllas, por los principios expuestos, no podrían existir [...]". Navarro creía que, además de las corrientes superficiales que alimentaban las fuentes, debían existir corrientes a más profundidad que producirían fuentes ascendentes en cuanto se perforasen con una sonda.

También decía que en Las Llamas existían manantiales procedentes de una corriente interior y que las condiciones geológicas del lugar y de la ciudad eran las mismas, por lo que podrían perforarse pozos artesianos y conducir sus aguas a Santander por medio de galerías que atravesaran la colina del Alta.


Un poco de historia (LXV). El suministro de agua a Santander (II)
Un poco de historia (LXIII). La avenida de los Infantes


miércoles, 28 de junio de 2017

El Centro Botín

Después de cinco años de obras, retrasadas muchas veces por cambios en el proyecto, diferencias entre empresas constructuras, etc., el Centro Botín fue por fin inaugurado el pasado viernes 23 en un acto oficial presidido por el rey Felipe VI y la reina Letizia. El Centro es un moderno edificio diseñado por el arquitecto italiano Renzo Piano. Está dividido en dos volúmenes, este y oeste, unidos por un espacio bautizado con el curioso nombre de "pachinko"1. El Centro pertenece a la Fundación Botín y su primer y principal impulsor fue Emilio Botín, fallecido hace unos meses.


El volumen este dispone de un auditorio para 300 personas, aulas y espacios de trabajo, mientras que el volumen oeste dispone de dos grandes salas de exposición. Ambos volúmenes disponen de un entramado de escaleras que permiten el acceso a diversas pasarelas que "vuelan" sobre la bahía y desde las que se tienen unas vistas increíbles tanto de la bahía como de la ciudad. Pero para ver una vista realmente espectacular de la ciudad, y de la bahía también, lo mejor es subir a la terraza superior del volumen este. Además de por las escaleras también se puede subir en ascensor.



Bajo el volumen oeste hay una tienda y una cafetería-restaurante. Este volumen tiene en una de sus fachadas una gran pantalla en la que se proyectarán películas, espectáculos, etc. Tanto al este como al oeste, el Centro dispone de dos grandes espacios libres en los que se pueden realizar todo tipo de espectáculos. En el lado oeste hay además un pequeño teatro situado frente a la gran pantalla.


La construcción del Centro supuso una nueva reforma, no exenta de polémica, de los Jardines de Pereda para su integración con el entorno del Centro para que, de este modo, ambos formen un mismo espacio. Los Jardines vieron aumentada su superficie al construirse un paso subterráneo para el tráfico. Cuando se planteó la construcción del Centro, además de la polémica suscitada por su ubicación, surgió otra polémica ya que el proyecto original contemplaba cambiar la Grúa de Piedra de lugar y ponerla junto a la Estación Marítima. El revuelo que esta idea provocó en la ciudad, con manifestaciones en contra, hizo que la Grúa se quedara en su sitio y el Centro se tuviera que desplazar hacia el oeste.


Dicen los expertos que ahora Santander, con el Centro Botín, puede competir en igualdad de condiciones con Bilbao y el Museo Guggenheim, con Avilés y el Centro Niemeyer, con París y el Centro Pompidou, con Nueva York y el MoMA, etc., etc.


1 "Pachinko" es el nombre que recibe una máquina recreativa mezcla de tragaperras y pinball muy popular en Japón, pero ignoro si tiene alguna relación una cosa con la otra.



martes, 20 de junio de 2017

Un poco de historia (LXIII)

La avenida de los Infantes


Cuando en el siglo XIX empezaron a llegar los primeros bañistas a El Sardinero entre 1845 y 1847 se abrió un camino que comunicaba El Sardinero con Miranda. Este paseo recibió el nombre popular de "paseo de coches". Debido a que El Sardinero en aquella época se consideraba extrarradio de la ciudad este camino no figuraba en los planos urbanos.


Paseo de los Infantes


Con el auge del veraneo en Santander (los "baños de ola", las estancias de los reyes, etc.) cada vez venía más gente a pasar los meses estivales. Se empezaron a construir los primeros hoteles, pensiones, residencias familiares, etc. por todo El Sardinero. Por este motivo el paseo de coches se fue urbanizando. En agosto de 1915 el paseo recibió oficialmente el nombre de "Paseo de los Infantes" según un acuerdo municipal. El nombre hace referencia a los infantes Carlos de Borbón y su esposa María Luisa de Orleans, que frecuentaban los veranos santanderinos y se alojaban en la residencia que el naviero Ángel B. Pérez tenía en un terreno en la esquina con la avenida de Pontejos1.

En 1918 se empezó a construir un grupo de chalés de verano frente a un pequeño bosque de pinos que bordeaba el paseo. Estos chalés recibieron el nombre popular de "chalés de Prieto Lavín" por ser éste el primer promotor de esta clase de barrios, o "colonias", residenciales. Durante la II República, de 1931 a 1936, la calle recibió el nombre de "Avenida Principal". En 1937 recuperó su nombre original.


Paseo de los Infantes

A partir de 1912 un ramal del tranvía a Miranda bajaba por el paseo de los Infantes y luego seguía por el camino de Pontejos para volver por la avenida de Castañeda, pero a mediados de los años 40, cuando el camino de Pontejos pasó a ser la avenida de Pontejos, el trazado del tranvía cambió y seguía por el paseo de los Infantes hasta la plaza de Italia. Un mes de septiembre, en la curva junto a Los Pinares volcaron un tranvía y su jardinera llenos de gente que acudía a un partido de fútbol. Hubo varios heridos.

Aunque los edificios que la bordean son modernos, aún quedan algunos chalés familiares que recuerdan su pasado. Ignoro la fecha en la que dejó de ser paseo y se convirtió en avenida.


1 El edificio, modificado, aún existe. Estuvo abandonado mucho tiempo y en los años ochenta fue convertido en apartamentos y se le añadieron dos pisos. También se conserva la verja que bordea la finca.


Un poco de historia (LXIV). El suministro de agua a Santander (I)
Un poco de historia (LXII). El primer presupuesto de Santander



jueves, 8 de junio de 2017

La Grúa de Piedra

Después de haber sido desmontada y sometida a un proceso de restauración la Grúa de Piedra ha vuelto a la base que le da nombre para que siga siendo un icono de la ciudad, aunque ha perdido su color gris original y, sobre todo, el movimiento, pues la han dejado inmóvil.

A finales del siglo XIX el puerto de Santander tenía un importante tráfico de mercancías y la actividad en los muelles era frenética, con barcos cargando y descargando, trenes y carros transportando mercancías, etc. Sin embargo, debido a la poca capacidad de carga de las grúas del puerto (las más potentes sólo podían cargar hasta 8 toneladas) los barcos con cargas muy pesadas tenían que ir a otros puertos cercanos, como el de Bilbao. Esto llevó a la Junta de Obras del Puerto a encargar a los ingenieros F.V. Sheldon y Otto Gerdtzen el diseño y construcción de una grúa que pudiera cargar hasta 30 toneladas.

El 17 de mayo de 1900 fue inaugurada en el Muelle de la Monja, o de Maura, la grúa más potente vista hasta entonces en Santander. Fue situada sobre una gran base construida con bloques de piedra procedentes de los antiguos muelles. Como el muelle era de madera la base de la grúa descansa sobre el lecho de la bahía. La grúa estaba accionada por una máquina de vapor, su estructura era metálica y estaba construida con el mejor acero de la época.

En la parte de atrás se puede ver la caldera a vapor


Raqueros junto a la grúa

La punta de su pluma se eleva 14 metros sobre el muelle y el cable del gancho es tan largo que le permite descargar barcos con las mareas bajas más vivas, pudiendo alcanzar una longitud de hasta 23 metros desde la polea. Tiene un radio de acción de 11 metros y para soportar la tensión de las cargas la grúa dispone en su parte trasera de un contrapeso de 34 toneladas. En las pruebas iniciales pudo cargar sin dificultad una gabarra lastrada que pesaba 36 toneladas. La grúa (diseño y construcción) costó un total de 70.500 pesetas de la época. A ese importe hay que sumar las 4.320 pesetas que costó un mecanismo secundario que permite mover de forma manual, empleando la fuerza de 6 hombres, cargas de menos de 10 toneladas de peso. En 1927 la máquina de vapor que la accionaba fue reemplazada por un motor eléctrico.

Antigua postal (1910)


Descargando una locomotora a vapor

Descargando un trolebús de dos pisos (1961)
(Imagen procedente de "Cantabria y Santander en el recuerdo")

No tuvo que pasar mucho tiempo para que la grúa empezara a ser conocida como la "grúa de piedra" por la base en la que está asentada. En los puertos existía la costumbre de denominar "grúa titán" a la grúa más potente, la que podía mover más peso. Durante casi toda su vida útil la Grúa de Piedra fue la grúa titán del puerto de Santander, ya que las grúas más potentes "sólo" podían mover hasta 12 toneladas. La grúa estuvo en servicio hasta los primeros años 90, aunque los últimos años era usada de forma esporádica.

Placa restaurada situada en la pluma

La Grúa de Piedra después de la restauración