martes, 21 de noviembre de 2017

Un poco de historia (LXIX)

El Fuero de Santander


El 11 de julio de 1187 el rey Alfonso VIII de Castilla otorgó el fuero a la villa de Santander, sometiéndola al señorío de los abades de San Emeterio. Así se reconocía por primera vez la personalidad jurídica de las instituciones del Concejo y se confirmaba una serie de privilegios tendentes a favorecer su integración social y su potencial económico. Este poder adquirido por la villa costera se basaba en el Fuero de Sahagún de 1152 y como tal contemplaba los preceptos fundamentales del mismo, entre los que cabe destacar la confirmación del señorío del abad sobre el pueblo, la igualdad de los vecinos, la exención del servicio militar y la libertad de comercio, así como otra serie de privilegios de carácter administrativo, penal y fiscal.


El contenido del Fuero de Santander es el siguiente:

A presentes y venideros sea manifiesto y sabido que yo Alfonso, por la gracia de Dios rey de Castilla y de Toledo, en uno con la reina Leonor mi esposa, de grado y con voluntad entera, os hago carta de donación y establecimiento de fueros y costumbres, ahora y siempre valedera, a vos el Concejo de la villa de San Emeterio.

Y así os doy y os otorgo para vuestra vivienda la villa de San Emeterio, con sus entradas y salidas por mar y tierra; que la poseáis para siempre por derecho hereditario vosotros y vuestros sucesores.
  1. Primeramente: os doy y os otorgo igual derecho para todos, y que todos viváis debajo de un fuero.
  2. No tengáis por Señor a nadie más que al Abad, o a quien él en su lugar os pusiere cuando anduviere ausente de la villa.
  3.  Así el noble, como otro quienquiera de cualquiera dignidad que sea, que habitare casa propia o ajena dentro de la villa de San Emeterio, haya el fuero y no otro que el fuero mismo de los vecinos de la villa.
  4. Quien tomare o comprare un solar en la villa, pague al Abad un sueldo y dos dineros al sayón.
  5. Cuando un solar se dividiere por suerte o venta entre varios hombres, pague cada cual su censo; y cuantas porciones de solar o solares fueren juntos en uno, sin separación de otra heredad ni camino por medio, paguen un censo único.
  6. Si alguien quisiese alojarse por fuerza en vuestras casas, el señor de la casa, con ayuda de los vecinos, arrójele fuera, y si se resistiera y fuese herido en la demanda, nada se peche por ello.
  7. Haya en la villa un solo merino, vecino y con aposento en ella, y vasallo del Abad, puesto por mano del mismo Abad con acuerdo del Concejo.
  8. El Señor de la villa, esto es, el Abad, perciba un sueldo anual de censo por cada solar; el que haya de recoger el censo, comience su cobranza quince días pasados de la Natividad del Señor; y reciba de cada uno prendas por el doble del censo; y si el dueño de la prenda no la recobrase dentro de un mes, desde que fuere pregonada, pierda la prenda.
  9. Los hombres de la villa vendan pan, vino y sidra, y cuantas otras cosas quisieren vender, con derecha medida y libertad entera, adonde, cuando y de la manera que quisieren.
  10. Quien no fuere vecino de la villa no venda al menudo de las mercaderías de paños que trajere por mar, sino a vecinos de la villa, y si lo vendiere a forastero, peche diez sueldos.
  11. Quien por fuerza entrare en casa de otro, peche sesenta sueldos al Abad, y otros sesenta al dueño de la casa, además de las heridas y daños que causare.
  12. Merino ni sayón no entren a prender en casa alguna cuando el dueño de la casa presentare fiador que sea de recibir; y si el merino o el sayón menospreciare el fiador, y por querer tomar la prenda fuese herido, nada se peche por ello.
  13. Si el dueño de la casa no presentare fiador, y tomase la prenda el merino o el sayón, presente por lo menos dos testigos de ello, y al otro día tómele cinco sueldos.
  14. Deuda confesada en presencia del merino o del sayón, páguese de contado, o dé prendas el deudor que valgan la deuda.
  15. Ni merino ni sayón hagan pesquisa por golpes u otras faltas, si no se les presentare querella por ello, salvo caso de muerte o herida mortal que pueden pesquisarse por sí, según fuero de la villa.
  16. El homicida manifiesto peche trescientos sueldos.
  17. Traidor probado y ladrón notorio pasen a juicio del merino y del Concejo; sus bienes sean del Abad, mas de ellos restitúyase al robado cuanto valiere el robo.
  18. Quien usare de armas contra el vecino, peche al Abad sesenta sueldos.
  19. Si fueren muchos los armados, uno dé por todos fianza de cinco sueldos; y el convicto peche sesenta sueldos al Abad.
  20. Si vecino pleiteare con vecino sobre una casa, den fianza de sesenta sueldos cada uno, y el vencido en el juicio págueselos al Abad.
  21. Si hombre de fuera demandare casa de un morador de la villa, dé al Abad fianzas por sesenta sueldos y al dueño de la casa por el doble de la misma casa, y si el demandante fuere condenado peche sesenta sueldos al Abad, y dé al dueño otra casa tal y en semejante lugar de la misma villa.
  22. Todo pleito que hubiere de sentenciarse sobre prendas entre forastero y vecino de la villa, senténciese dentro de la villa, sin salir fuera para ello.
  23. A quien dijere falso testimonio no se le dé más fe, y peche al Abad sesenta sueldos, y el querellante recobre su acción, queréllese de nuevo y haya su derecho.
  24. Los hombres de la villa no salgan a hueste sino cuando el Rey estuviere cercado; ni paguen portazgo alguno en la villa ni en su puerto, vengan de donde vinieren, por mar o por tierra.
  25. Si roturaren tierras y las labraren en término de tres leguas de la villa y plantaren viñas e hicieren huertos y prados y molinos y palomares, háyanlo todo por su heredad y hagan de ello lo que quisieren, y sírvanse con ello donde estuvieren y paguen censo por sus casas.
  26. Por muerte del muerto en sedición dentro de la villa, los más cercanos de sus parientes indaguen por derecha pesquisa el matador entre los ofensores del muerto, y no hallándole por pesquisa derecha, el sospechoso sálvese por sí con juramento y no haya más.
  27. Ténganse treguas en la villa de esta manera: los sediciosos den por una y otra parte fiadores en mil sueldos; y córtese el puño diestro a quien las treguas rompiere; de estos mil sueldos perciba quinientos el Abad, cuatrocientos el Concejo, ciento el herido y esté la fianza en poder del Concejo.
  28. Quien diere prendas sobre una heredad, y al cabo del año no las redimiere, piérdalas.
  29. Hombre de la villa que causare muerte o herida defendiendo lo suyo nada peche por ello.
  30. Si hombres de la villa no pudieren entre sí concertarse en juicio, pleito o fianza, acudan a la villa de Sahagún y obren tal y como los hombres de la villa de Sahagún les dijeren.
  31. Si a la villa de San Emeterio aportase nave rota y náufraga, nadie tome cosa de cuanto la nave encierre y tuviera dueño averiguado, ni sea osado de hacerle fuerza.
  32. Quienquiera que osare infringir o menguar esta mi carta haya la ira de Dios plenamente: peche en coto a la parte del Rey mil libras de oro purísimo y restituya el doble del mal que hubiere hecho.

Hecha esta carta en Burgos, año de 1187, a once de julio.

Y yo el Rey Alfonso, reinante en Castilla y en Toledo, robro y confirmo de mi puño esta carta.
 
Confirman: Gonzalo, Arzobispo de la Iglesia de Toledo primada de las Españas. Martín, Obispo de Burgos. Arderico, Obispo de Palenca. Martín, Obispo de Sigüenza. Rodrigo, Obispo de Calahorra. Gonzalo, Obispo de Segovia. Domingo, Obispo de Ávila. El Conde Pedro. El Conde Fernando, Alférez del Rey. Rodrigo Gutiérrez, Mayordomo de Palacio. Diego Jiménez. Gómez Gracia. Pedro Fernández. Álvaro Rodríguez. Ordoño Carcía. Gonzalo Qupellini. Pedro Rodríguez de Guzmán. Lope Díaz, Merino del Rey en Castilla.
 
Sello de Alfonso Rey de Castilla. Yo Maese Miguel, notario del Rey, lo escribí en presencia del Canciller, Gutierre Ruiz, o Rodríguez.

En la avenida de Alfonso XIII, frente a la cafetería del Hotel Bahía, se encuentra el monumento al Fuero de Santander, obra del escultor cántabro Jesús Otero e inaugurado el 30 de agosto de 1987.


Un poco de historia (LXVIII). El ensanche de Santander

domingo, 19 de noviembre de 2017

Arte en las fachadas (III)

Si damos un paseo hasta la playa de Los Peligros podemos ver los siguientes murales.

Calle Gamazo
(Autor: Alfredo Santos)
Calle Severiano Ballesteros
(Autor: Daniel Verbis)



Calle Severiano Ballesteros
(Autor: Rosh333)


Arte en las fachadas (II)

viernes, 3 de noviembre de 2017

Aniversario de la tragedia

Hace 124 años, el 3 de noviembre de 1893, el vapor Cabo Machichaco, atracado en el muelle de Maliaño sufrió el incendio de unas garrafas de ácido sulfúrico que llevaba a bordo. Unas horas más tarde, el fuego afectó a unas cajas de dinamita no declaradas. Esto produjo una gran explosión que destruyó edificios de las calles Calderón de la Barca y Méndez Núñez, destruyó un tren que salía de la estación hacia Solares, mató a unas 600 personas y dejó unos 2.000 heridos.

El vapor Cabo Machichaco ardiendo en el muelle de Maliaño

Grabado que recoge el momento de la explosión del vapor Cabo Machichaco

En la remodelación de la Estación Marítima que se llevará a cabo el próximo año está prevista la instalación de una exposición permanente de documentos, objetos, restos del barco, etc.



miércoles, 25 de octubre de 2017

Alquiler de coches

Quienes seguís habitualmente el blog habréis visto que en algunos artículos he puesto imágenes procedentes del Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS), un organismo dependiente del Ayuntamiento de Santander que "tiene como objetivo poner a su disposición el patrimonio fotográfico municipal", como se puede leer en su página web, en la que se pueden ver, y comprar, más de 9.000 fotografías históricas, en su mayoría de Santander. Dispone además de un buscador para localizar fotografías sobre un determinado tema, un lugar concreto, acontecimientos, etc.

Es una página muy interesante que os recomiendo visitar, sobre todo si queréis conocer cómo era antes Santander. Pues bien, mirando fotos encontré dos que me llamaron la atención. Son las que podéis ver a continuación. Las tomó el fotógrafo Pablo Hojas Llama en 1964 y muestran los coches de una empresa de alquiler de coches. Como podéis ver, en aquella época había tan poco tráfico que se podía aparcar en la calle Marcelino S. de Sautuola bajo el arco del Banco Santander. La otra foto está tomada en la calle General Mola (actual Ataúlfo Argenta).



Destaca el pequeño poste que hay en la esquina de la calle y que tiene un cajetín con un teléfono. En el cajetín se puede ver el número de teléfono de la empresa, el 22454, y también se puede leer el texto: "Pequeños turismos de alquiler". Lo que no se ve es el nombre de la empresa. Los coches se alquilaban con conductor ya que éstos llevan la placa SP (servicio público).

Esos postes con cajetines con teléfono también los había en las paradas de taxis, a las que se podía llamar para pedir un taxi. Como se ve en las fotos, la empresa sólo alquilaba un único modelo de coche, el Renault Dauphine, conocido popularmente en España como el "coche de las viudas" debido a su tendencia a perder el control en las curvas cerradas por su desfavorable reparto de pesos, lo malas que eran las carreteras de la época y la inexperiencia de los conductores.



viernes, 13 de octubre de 2017

Un poco de historia (LXVIII)

El ensanche de Santander


A partir del siglo XVIII es cuando se traza el llamado Barrio Nuevo. El primer ensanche de la ciudad comprendió la zona entre el Cantón del Mar y la calle del Martillo y es cuando se construyen las primeras casas del Muelle y se trazan nuevas calles paralelas al mismo.

El ingeniero Llovet fue el encargado de redactar el proyecto y los planos de las primeras cinco casas del Muelle. Cuando Agustín de Colosía sustituyó a Llovet proyectó una plaza de una longitud equivalente a dos manzanas de casas del Muelle. Dados los problemas que surgieron entre Colosía y el Ayuntamiento, que consideraba la plaza "excesivamente reducida", se decidió que el ingeniero se limitara exclusivamente a las obras de los muelles y el Ayuntamiento se encargaría de la urbanización de calles y plazas. Como Colosía había diseñado la decoración de la plaza con arcos en todo su perímetro, incluso en la parte posterior de las casas del Muelle, el Ayuntamiento dictó la obligación de construir arcos en las casas que se construyeran en lo sucesivo. En 1815 el empresario López-Dóriga construye su casa con soportales al inicio del ensanche. Mientras tanto, se sigue con la construcción de los muelles y ganando terreno al mar para extender la ciudad. En 1805 el ingeniero Alday termina la parcelación de los solares del barrio de Peña Herbosa siguiendo los planos de Colosía. Los planos del ensanche contemplaban el trazado de calles en cuadrícula, transversales y paralelas al Muelle, dando mayor anchura a una de éstas para que fuera la calle principal de la nueva zona. En 1816 se empieza a empedrar la nueva zona y esta calle principal que empezaba en la casa de Dóriga y terminaba en el Martillo recibió el nombre de Hernán Cortés.


Calle Wad-Ras
Calle Wad-Ras (1920)

En 1825 el ingeniero Guillermo Calderón termina los muelles hasta la altura de la calle de los Santos Mártires (actual calle Lope de Vega) y en 1826 el empedrado llega hasta la plaza Nueva (donde actualmente se encuentra el Mercado del Este). En 1846 se construye la casa del Muelle que hace esquina con la actual calle Lope de Vega y el avance del ensanche se detiene hasta que Calderón continúe la línea de muelles. Los edificios que se iban construyendo en las calles paralelas al Muelle respondían a las características (dimensiones, categoría, etc.) que se esperaba tendrían las edificaciones de una ciudad moderna.

Sin embargo, un regidor propone que, dado que los edificios que se estaban construyendo tenían un coste extraordinario para una ciudad como Santander, dada la dificultad de conseguir inversores capitalistas para su construcción y dado que el tráfico de mercancías por el puerto era cada vez mayor y que se necesitarían más y más grandes edificios para su almacenaje, se construyeran a partir de la plaza Nueva edificios para este fin. Deberían ser más bajos y seguir el trazado de calles ya establecido. Por entonces los señores Bolado y Regules ya habían empezado a construir sus casas en el Muelle (portales números 15, 16 y 17) con soportales con arcos en la fachada trasera, la que da a la plaza. Por su parte, Botín en la nueva calle también había empezado a construir su casa con soportales con arcos en su fachada principal. Esto hizo que el citado regidor propusiera que los edificios al este y al oeste de la plaza también tuvieran soportales con arcos para así construir un paseo cubierto alrededor de la plaza.

Afortunadamente esta propuesta no tuvo éxito aunque, en la última etapa del ensanche, junto a la plaza de Molnedo se permitió construir algunos edificios de una planta entre las calles Calderón y General Espartero, de los cuales aún subsisten algunos. La calle que discurría desde el Martillo hasta la pequeña transversal junto a la fachada este del edificio de Botín recibió el nombre de Wad-Ras.

A medida que se van ganando terrenos al mar hacia el este se plantea el problema de la topografía del terreno por la diferencia de altura en la ladera de Santa Lucía, lo que suponía que las calles estuvieran a distinta rasante. Hubo que realizar desmontes e importantes movimientos de tierra así como construir muros de contención, como el de la calle Bonifaz. Como las calles paralelas al Muelle estaban a distinta altura, las calles transversales, Lope de Vega y Gándara, tienen una pendiente tan pronunciada.


Calle Daoíz y Velarde
Calle Lope de Vega

En 1853 ya estaban construidas todas las manzanas de casas hasta Lope de Vega, abierta en 1858, y empedradas las tres últimas bocacalles. En Lope de Vega terminaba la calle Velasco, continuación de la calle Wad-Ras. El proyecto del ensanche preveía la construcción de un pequeño espacio verde entre las calles paralelas al Muelle. Debido a su forma pronto se le empezó a llamar "el Cuadro", quedándose con ese nombre. En 1862 el Ayuntamiento da el nombre de Colosía a la calle trasera del Muelle en su tramo desde la plazuela del Príncipe hasta el Martillo, mientras que al siguiente tramo le asigna el nombre de Calderón.

Cuando se empezó el último tramo del ensanche, el Ayuntamiento dio el nombre de General Espartero a la calle principal del mismo. Aunque las últimas casas del Muelle fueron terminadas hacia 1875, las obras aún continuaban en las calles paralelas. En 1888 se termina la calle Gándara (llamada así en recuerdo del arquitecto montañés Gerónimo Gándara) y pocos años después terminan las obras del ensanche, junto a Molnedo.

Por otro lado, la tercera paralela al Muelle recibió en 1855 el nombre de Daoíz y Velarde como homenaje a los héroes del Dos de Mayo. Sin embargo, cuando se inició el ensanche a partir de la calle Lope de Vega, los urbanistas hicieron un nuevo trazado, quebrando la prolongación de esta calle. La nueva calle recibió el nombre de Peña Herbosa.

En 1875 entró en servicio el tranvía impulsado por el empresario Santos Gandarillas y cuyo trazado discurría por las calles Hernán Cortés, Wad-Ras, Velasco, General Espartero y al llegar a Molnedo seguía por la calle Juan de la Cosa hasta El Sardinero. Al volver, al llegar a Molnedo entraba por las calles Calderón y Colosía hasta la plazuela del Príncipe, desde donde enfilaba de nuevo la calle Hernán Cortés.

Tranvía de Gandarillas en la calle Hernán Cortés
Tranvía de Gandarillas en la calle Velasco

En 1892 el empresario César Pombo pone en marcha un tranvía que parte de la calle del Martillo, sigue por las calles Daoíz y Velarde, Peñaherbosa, Molnedo y Tetuán para, a través de un túnel, salir a La Cañía y llegar a El Sardinero. La vuelta la hacía por el mismo recorrido.

Tranvía de Pombo en la calle del Martillo

A medida que se iban prolongando las calles hacia el este, en las diferentes fases del ensanche, cada nuevo tramo de la calle Hernán Cortés recibió un nombre diferente según estaba previsto en el proyecto de Colosía:

  • Hernán Cortés. Nombre que recibió el primer tramo y que, como ya se ha dicho más arriba, empezaba junto a la casa de López-Dóriga y llegaba hasta la calle del Martillo.
  • Wad-Ras1. Este nombre lo tenía el tramo comprendido entre la calle del Martillo y la travesía en la que hasta hace no mucho había un concesionario de Citroën.
  • Velasco2. Este era el nombre que tenía el siguiente tramo, hasta la calle Lope de Vega.
  • General Espartero3. Nombre que tenía el último tramo, desde Lope de Vega hasta Molnedo.

Esta situación se mantuvo hasta 1949, año en el que el Ayuntamiento decidió unificar la nomenclatura de las calles con más de un nombre. En este caso la calle se quedó con el nombre de Hernán Cortés. Las calles Colosía y Calderón también se unificaron y en 1938 recibieron el nombre de General Mola (actualmente se llama Ataúlfo Argenta).

Calle Gándara (1980)
Calle General Mola (1967)
(Autor: Pablo Hojas Llama)
(Imágenes procedentes del Centro de Documentación de la Imagen de Santander)


1 Conmemoraba la Batalla de Wad-Ras, que tuvo lugar el 23 de marzo de 1860 durante la Campaña de Marruecos (1859-1860) que España llevó a cabo en el norte de África para reducir las hostilidades contra la ciudad de Ceuta. Las tropas dirigidas por los generales Echagüe, Ros de Olano y Prim vencieron a las fuerzas rifeñas en el valle de Wad-Ras.
2 Rendía homenaje al marino Luis Vicente de Velasco Isla, nacido en Noja en 1711. En 1754 es nombrado capitán de navío y en 1762 es encargado de la defensa del Castillo de El Morro, en La Habana. Murió heroicamente resistiendo el bloqueo y las acometidas de la escuadra inglesa. Actualmente la calle Luis Vicente de Velasco se encuentra en Cazoña.
3 El general Espartero combatió en, entre otras guerras, la de Independencia y las Guerras Carlistas. Presidió dos veces el Consejo de Ministros y fue Jefe del Estado como regente al sustituir en la regencia a María Cristina de Borbón durante la minoría de edad de Isabel II.


Un poco de historia (LXIX). El Fuero de Santander
Un poco de historia (LXVII). La plaza de Velarde


viernes, 29 de septiembre de 2017

Un poco de historia (LXVII)

La plaza de Velarde


A la hora de reconstruir la ciudad después del incendio de 1941, la Dirección General de Arquitectura planificó una plaza en la zona arrasada por el fuego. Aunque la idea original era hacer una gran plaza al estilo de las plazas mayores de las principales ciudades castellanas (Salamanca, Madrid, Valladolid, etc.), en el caso de Santander se decidió instalar en dicha plaza la sede de organismos oficiales y abrirla por un lado a la avenida principal de la ciudad. Además, en lugar de hacer una plaza peatonal se hizo una plaza abierta al tráfico. Recibió el nombre de "plaza de Velarde" en recuerdo de la antigua plaza de la Dársena, también llamada "de Velarde" por ser el primer lugar en el que estuvo el monumento a Velarde. Sin embargo, desde que se empezó a construir la plaza es conocida popularmente como la "plaza Porticada" por los arcos que la rodean.

Construcción de la plaza de Velarde

De este modo se instalaron en la plaza el Gobierno Civil, la Comisaría de Policía, el Gobierno Militar, la Delegación del Ministerio de Información y Turismo, el Ateneo, la Caja de Ahorros de Santander, la Cámara de Comercio y la Delegación del Ministerio de Hacienda. Este diseño no contempló la apertura de locales comerciales, lo que hizo que la plaza se convirtiera en un lugar de paso saturado de vehículos aparcados y con frecuentes atascos.

1958
(Imagen procedente del blog "El Tomavistas de Santander")
1966

Tanto la traza como la situación de la plaza siempre fueron objeto de duras críticas, sobre todo que sólo hubiera en ella edificios administrativos. En un primer momento se le ofreció al Ayuntamiento la posibilidad de instalar su sede al frente de la plaza, pero el ofrecimiento fue desestimado, tanto por el propio Ayuntamiento como por la opinión pública, y en su lugar se instaló la sede central de la Caja de Ahorros de Santander.

Durante la construcción de la plaza, en 1946 se instaló en ella el monumento a Pedro Velarde. Aunque el Festival Internacional de Santander empezó en 1952, hasta 1954 no fue retirado el monumento, año en el que fue trasladado a la plaza de Farolas. Desde dicho año de 1952 hasta 1990 durante el mes de agosto la plaza estaba ocupada por el escenario, las gradas para el público y las lonas que las cubrían y que formaban el teatro en el que se celebraba el Festival. En un lateral de la plaza, junto al arco que la comunica con la calle Juan de Herrera, hay una inscripción grabada en la piedra en recuerdo de Ataúlfo Argenta, el gran director de orquesta natural de Castro Urdiales, y de su memorable interpretación de las nueve sinfonías de Beethoven en 19531.

Ataúlfo Argenta en el Festival Internacional de Santander

1953

Ángela, una seguidora del blog, me ha enviado esta foto en la que se puede ver cómo en 1953 aún seguía en la plaza el pedestal del monumento a Velarde. Una vez más agradezco públicamente a Ángela ésta y otras fotos que me ha enviado otras veces, algunas de las cuales ya he publicado en artículos anteriores.

Al quitar el monumento a Velarde se colocó una pequeña fuente en su lugar que pocos años después fue retirada y llevada a la avenida de Reina Victoria, cerca del monumento al periodista y escritor José del Río Sainz "Pick" (el popular "Botas"). Desde entonces dejó de ser fuente y pasó a ser macetero.

La plaza está construida en estilo neoherreriano, con la particularidad de que los edificios de la Delegación del Gobierno y de la Delegación de Hacienda son muy parecidos pero no iguales. El edificio de Hacienda se construyó siguiendo las líneas del edificio de la antigua Aduana, situado en el mismo lugar y destruido en el incendio de 1941. De hecho, se recuperaron algunas piedras y rejas así como el escudo de Carlos III, que está en la fachada principal.

La plaza cubierta por las lonas del teatro
(años 50-60)
Vista desde el paseo de Pereda (1977)

En el edificio de la antigua Caja de Ahorros de Santander destacan las dos esculturas de un hombre y una mujer, sobre sendas columnas, que presiden la fachada principal. Fueron colocadas en 1969, son obra de Agustín de la Herrán Matorras y representan el Ahorro y la Beneficencia. En su momento dieron origen a un gran escándalo a nivel nacional por su desnudez tan realista.


Colocación de las estatuas en la fachada de la Caja de Ahorros de Santander (1969)

En 2006 las plazas del Príncipe y de Velarde fueron peatonalizadas, con lo que la ciudad ganó un gran espacio para disfrute de la gente en el que, además, se realizan conciertos, exposiciones, ferias, actividades culturales, etc. Los días que el tiempo lo permite las cafeterías situadas en los pasajes de La Puntida y Arcillero pueden poner terrazas, lo que hace que la plaza esté más animada. Con las obras de peatonalización se descubrieron un refugio antiaéreo en la plaza del Príncipe y restos de la muralla medieval en la plaza de Velarde, que se pueden visitar previa inscripción en la Oficina Municipal de Turismo.


1 La inscripción está necesitada de una buena restauración ya que el dorado de las letras ha desaparecido en muchas de ellas y es prácticamente ilegible, al igual que la pequeña placa que está más abajo y que recuerda que en la plaza se celebraba el Festival Internacional de Santander.


Un poco de historia (LXVIII). El ensanche de Santander
Un poco de historia (LXVI). Si los muelles hablaran...


viernes, 22 de septiembre de 2017

El otro Santander (X)

La avenida de Maura

La avenida de Maura, la calle que hoy nos ocupa, la encontramos en El Sardinero. Es una calle en pendiente que comunica la avenida de los Infantes, junto a Los Pinares, con la plaza de Italia. Es una tranquila calle residencial en la que la mayoría de las construcciones son viviendas unifamiliares con jardín trasero. Al final de la calle destaca el antiguo edificio en el que estuvo el Hotel Madrid y que lleva unos años cerrado.

Antiguo Hotel Madrid


Debe su nombre a Antonio Maura y Montaner (1853-1925), político que dirigió varios ministerios entre 1892 y 1903 y presidió hasta en cinco ocasiones el Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII. Tenía estrechos vínculos con Santander y defendió los intereses de la ciudad en diversas ocasiones. En 1890 construyó una casa familiar en esta calle para pasar en ella sus descansos estivales. En 1925 el Ayuntamiento bautizó con el nombre del político esta calle, que hasta entonces se llamaba Avenida Larga.


Pero, sin duda, la parte más conocida de esta calle es la famosa Fuente de Cacho, frente a cuya entrada estuvo la casa familiar de Maura. Aunque el recinto de la fuente está urbanizado, el lugar necesita una limpieza a fondo, especialmente la propia fuente, que normalmente está atascada y huele mal por la basura que tira la gente en ella. El agua de la fuente procede de uno de los muchos manantiales subterráneos que fluyen bajo la ladera del Alta. Este mismo manantial surte de agua a la pequeña fuente que hay en la Alameda de Cacho, junto al Auditorium. También se surtían de él pequeñas fuentes que muchas casas tenían en sus jardines.




El otro Santander (IX). La calle Alfonso VIII


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Arte en las fachadas (II)

Continuando nuestro paseo por las calles de Santander en busca de más arte urbano, podemos encontrarnos las siguientes obras:



Calles Río de la Pila y Tantín
(Autor: Colectivo BYG)


Calle El Lábaro
(Autores: Den_XL & Jank)


Calle Tetuán
(Autora: Marina Capdevila)
Calle San Sebastián
(Autor: Daniel Muñoz "SAN")

Quiero agradecer públicamente a Manuel Nieto su aportación al blog por enviarme la foto del mural de la calle Tetuán, de la que es el autor.


miércoles, 6 de septiembre de 2017

El Graf Zeppelin sobrevuela Santander

El LZ 127 Graf Zeppelin fue un dirigible alemán construido por Ferdinand von Zeppelin. Medía 236 metros de largo y 30,5 metros de diámetro, tenía 5 motores Maybach de 550 CV cada uno, una tripulación de 40 personas y capacidad para 20 pasajeros. Alcanzaba una velocidad máxima de 128 Km/h. Voló por primera vez en 1928 y fue retirado del servicio en 1937. En esos años de servicio realizó varios viajes por todo el mundo, sobre todo a Sudamérica, transportando pasajeros, carga y correo en líneas regulares. También fue la primera aeronave de pasajeros en dar la vuelta al mundo, en 1929, y este hecho es el que está relacionado con Santander.


Dirigible LZ 127 Graf Zeppelin
(La foto no está tomada en Santander)


El 15 de agosto de 1929 el Graf Zeppelin partía de Friedichshafen (Alemania) con la intención de dar la vuelta al mundo. Comandado por el capitán Hugo Eckener, el dirigible partió hacia el este, sobrevolando los montes Urales y Rusia, hasta Siberia. De allí pasó a Japón, donde hizo escala en Tokio. Después cruzó el oceáno Pacífico y llegó a San Francisco. En Los Ángeles hizo otra escala y cruzó Estados Unidos hasta Lakehurst, en Nueva Jersey, donde hizo otra escala. Siguió a Nueva York y cruzó el oceáno Atlántico hacia Finisterre para volver a Alemania. En total tardó 21 días de vuelo y recorrió unos 34.000 kilómetros.

Al ser un viaje promocional fueron invitados a bordo periodistas y autoridades de diversos países. Las plazas que quedaron libres fueron para un grupo de privilegiados pasajeros que pudieron permitirse pagar los 7.000 dólares de la época que costaba el pasaje. Uno de esos afortunados pasajeros fue el médico español Jerónimo Megías (1880-1932). Como el doctor Megías era médico personal del rey Alfonso XIII, durante toda la travesía el rey estuvo en contacto, mediante radiotelegramas, tanto con el doctor Megías como con la tripulación interesándose por el viaje. En el viaje de regreso, al dejar atrás Finisterre el capitán Eckener se dirigió a Santander para sobrevolar la ciudad y La Magdalena en señal de saludo y agradecimiento al rey por su interés en el viaje.

Me ha parecido interesante contar esta pequeña historia muy poco conocida y, aunque esto ocurrió hace 88 años, puede ser que aún haya gente mayor que recuerde haber visto el dirigible. La documentación sobre este tema es prácticamente inexistente y lo poco que he encontrado ha sido casi de casualidad. Lo que no he encontrado han sido fotos del dirigible sobre Santander, si es que las hay.

Bibliografía empleada:



martes, 29 de agosto de 2017

Anuncio del ferry con Inglaterra

En el último artículo, en el que hablaba de las líneas regulares de pasaje que partían del puerto de Santander hacia los principales puertos de América, comentaba que la única línea regular de pasaje que existe en la actualidad en el puerto de Santander es la de Brittany Ferries, que une Santander con Plymouth y Portsmouth.

Pues bien, como complemento a dicho artículo y a uno anterior que publiqué hace tres años sobre el aniversario de la línea con Inglaterra, Ángela, una seguidora del blog, me ha enviado por correo electrónico un interesante anuncio de la línea Santander-Southampton-Santander (publicado en el diario ABC el 17 de abril de 1974), que cubría el ferry "Monte Toledo", y una foto de su gemelo "Monte Granada" en la bahía de Santander. El "Monte Granada" cubría la línea Santander-Ámsterdam-Santander. Ambos barcos pertenecían a la naviera Aznar.




Desde aquí quiero agradecer públicamente a Ángela su aportación al blog. Ella se disculpa por la calidad de la foto, pero aún así he decidido publicarla para que todos podáis disfrutarla.


viernes, 25 de agosto de 2017

Un poco de historia (LXVI)

Si los muelles hablaran...

Los muelles del puerto de Santander siempre han sido lugares de rebosante actividad, pues siempre había barcos atracados cargando y descargando mercancías, carros y trenes llevando mercancías de un punto a otro, almacenes repletos de cajas y sacos, montañas de mercancía a granel, etc., etc. No hay más que ver fotos antiguas, y no tan antiguas, para darse cuenta de ello.

Muelle de Calderón (1966)

Entraban y salían barcos procedentes de casi todos los rincones del mundo, grandes cargueros que hacían rutas transoceánicas y pequeños barcos de cabotaje. A vela y a vapor, de madera y de acero, por el puerto y sus muelles han pasado casi todos los tipos de barco existentes. A esto había que añadir el gran número de oficinas de navieras, consignatarios, aseguradoras, importadores y exportadores, etc., que tenían su sede en el paseo de Pereda y sus alrededores.


Muelle de Maliaño (1890)

Muelle de Maliaño (años 80)

A partir de mediados del siglo XIX, la creación del barco a vapor dio a todo este comercio un gran impulso, pues la travesía del Atlántico ahora se podía hacer en unos días, en lugar de las semanas que tardaba un barco a vela, ya que los barcos dejaban de depender del viento y las corrientes. Los barcos empezaron a construirse en acero y su tamaño aumentó, pues las máquinas de vapor eran cada vez más potentes y los barcos podían transportar más carga. La reducción del tiempo del viaje trajo consigo la aparición de los barcos de pasaje, pues cada vez era más gente la que quería cruzar el Atlántico en busca de fortuna, aunque, sobre todo en el siglo XX, mucha gente también tuvo que hacerlo por motivos políticos. Con ello surgieron las líneas regulares de pasaje a los principales puertos de América: Nueva York, San Juan, La Habana, Veracruz, Montevideo, Buenos Aires, etc.



Con el tiempo, muchos de los barcos que hacían escala en Santander llegaron a ser muy conocidos y, nada más ver su silueta, o escuchar su sirena, mucha gente les ponía nombre, tanto al barco como al capitán, y sabían de dónde venía y qué mercancía traía.


Fueron muchas las navieras que tenían oficinas en Santander, siendo dos de las más recordadas la Compañía Transatlántica, sucesora de la Compañía de Vapores de A. López, y la Holland-America Line. Entre los barcos, destacan los vapores "Alfonso XII", "Alfonso XIII", "Reina María Cristina" y "Cristóbal Colón", y la motonave "Covadonga".

La irrupción de los vuelos transoceánicos a finales de los años cincuenta puso fin a los viajes en barco y a la desaparición de las líneas regulares de pasajeros.

Vapor "Reina María Cristina"

Vapor "Cristóbal Colón"
Vapor "Alfonso XIII"
Transatlántico "Siboney"
Vapor "Veendam"
Motonave "Covadonga"

Actualmente, la única línea regular de pasajeros que existe en Santander es la de Brittany Ferries, que une Santander con Plymouth y Portsmouth y cuyos barcos atracan en el muelle de Maliaño, junto a la Estación Marítima. La actividad mercantil del puerto se desarrolla en los muelles de Raos, lejos de la ciudad.



Un poco de historia (LXVII). La plaza de Velarde
Un poco de historia (LXV). El suministro de agua a Santander (II)